viernes, 12 de diciembre de 2014

Vivir es un oficio para especialistas...

Refiere una antigua leyenda que un viajero iba caminando por el desierto.
Con sorpresa notó que un animal feroz y hambriento se le estaba acercando.
El hombre comenzó a correr, pero el animal -más veloz- cortaba rápidamente la distancia.
El infortunado aceleró su andar hasta que llegó al borde de un precipicio. Allí se detuvo, exhausto. No veía salvación posible. Detrás suyo, el animal hambriento. Delante, el abismo.
Se sintió definitivamente perdido. Respiró hondo, seguro que lo haría por última vez.
En ese instante, una liana cayó en sus manos. Ágilmente, fue deslizándose por ésta hacia la profundidad. Pero al mirar hacia abajo observó aterrado que en el otro extremo de la liana estaba esperando, amenzante y sin duda también famélico, otro animal sanguinario. Entonces decidió no descender más. Se quedó allí, suspendido en el espacio, aferrado, observando a la feroz bestia de arriba y a la de abajo.
De repente, sus ojos se posaron en la liana. Recién entonces notó que unos pequeños insectos se la estaban carcomiendo, lenta pero tenazmente.
Comprendió que en pocos minutos terminarían su faena; la liana se cortaría y...
En ese instante, una rama con enormes y maduras ciruelas apareció delante suyo.
Al ver la rama, el hombre olvidó por un segundo a los animales sanguinarios. Y también a los insectos que estaban comiendo la liana que lo sostenía precariamente.
Su pensamiento se concentró sólo en comer las deliciosas ciruelas y saciar su hambre y su sed, disfrutándolas y paladeándolas...
Hasta aquí el relato. ¿Conclusión?
Que se ama más la vida cuando queda menos vida.
Unas simples ciruelas representaron para él la felicidad. Claro que le duraría un instante. Pero, ¿acaso la vida no es una suma de instantes? Porque no podemos vencer a la vida ni a sus avatares. Pero podemos vivirla.
Comprendamos que las oportunidades pueden rozarnos a todos. Pero a nosotros nos corresponde detectarlas.
Ya que los seres humanos vivimos recorriendo un desierto infinito, recordemos que nuestra existencia es sólo una chispa luchando contra su finitud. Y que sólo vivimos segundos y morimos la eternidad.
Vivamos entonces plenamente ese segundo.

José Narosky

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