viernes, 2 de enero de 2015

Qué quiere realmente la mujer...

Una de las leyendas del Rey Arturo se adelanta a su época.

El joven Arturo fue sorprendido y apresado por el monarca del reino vecino mientras cazaba furtivamente en sus bosques.
El rey pudo haberlo matado en el acto, pues tal era el castigo para quienes violaban las leyes de la propiedad, pero se conmovió ante la juventud y la simpatía de Arturo y le ofreció la libertad, siempre y cuando en el plazo de un año hallara la respuesta a una pregunta difícil: ¿qué quiere realmente la mujer?
Semejante pregunta dejaría perplejo hasta al hombre más sabio y al joven Arturo le pareció imposible contestarla.
Con todo, aquello era mejor que morir ahorcado, de modo que regresó a su reino y empezó a interrogar a la gente.
Interrogó a la princesa y a la reina, a prostitutas y monjes, al sabio y al bufón de la corte... en suma, a todos. Pero nadie le pudo dar una respuesta convincente.
Eso sí, todos le aconsejaron que consultara a la vieja bruja, pues sólo ella sabría la respuesta. El precio sería alto, ya que la vieja bruja era famoso en todo el reino por el precio exorbitante que cobraba por sus servicios.
Llegó el último día del año convenido y Arturo no tuvo más remedio que consultar a la hechicera. Ella accedió a darle una respuesta satisfactoria a condición de que primero aceptara el precio: ¡Ella quería casarse con Gawain, el caballero más noble de la Tabla Redonda y el más íntimo amigo de Arturo!
El joven Arturo la miró horrorizado: era jorobada y feísima, tenía un solo diente, despedía un hedor que daría nauseas a un macho cabrío, hacía ruidos obscenos... nunca se había topado con una criatura tan repugnante. Se acobardó ante la perspectiva de pedirle a su amigo de toda la vida que asumiera por él esa carga terrible; no obstante, al enterarse del pacto propuesto, Gawain afirmó que no era un sacrificio excesivo a cambio de la vida de su compañero y la preservación de la Tabla Redonda.
Se anunció la boda y la vieja bruja con su sabiduría infernal dijo: "¿Qué quiere realmente la mujer? ¡Quiere ser la soberana de su propia vida!". Todos supieron al instante que la hechicera había expresado una gran verdad y que el Rey Arturo estaría a salvo.
Así fue: al oír la respuesta, el monarca vecino le devolvió la libertad.
¡Pero qué boda fue aquélla!
Asistió la corte en pleno y nadie se sintió más desgarrado entre el alivio y la angustia que el propio Arturo. Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso. La vieja bruja hizo gala de sus peores modales, engulló la comida directamente del plato sin usar los cubiertos, emitió ruidos y olores espantosos.
La corte de Arturo jamás se había visto sometida a semejante tensión, pero prevaleció la cordura y se celebró el casamiento.
Corramos una cortina discreta sobre la noche de bodas y contentémonos con mencionar este hecho asombroso: cuando Gawain, ya preparado para ir al lecho nupcial aguardaba a que su esposa se reuniera con él... ¡ella apareció con el aspecto de la doncella más hermosa que un hombre desearía ver! Gawain quedó estupefacto y le preguntó qué había sucedido. La joven respondió que como había sido cortés con ella, la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible y la otra mitad con su aspecto atractivo; y le preguntó cuál prefería para el día y cuál para la noche.
¡Qué pregunta cruel para un hombre! Gawain se apresuró a hacer cálculos: ¿quería tener durante el día a una joven adorable para exhibirla ante sus amigos y, por las noches, en la privacidad de su alcoba a una bruja espantosa? ¿O prefería tener de día a una bruja y a una joven en los momentos íntimos de su vida conyugal?
El pobre Gawain terminó diciéndole que la dejaría elegir por sí misma. Al oír esto, ella le anunció que sería para él una hermosa dama de día y de noche, porque la había respetado y le había permitido ser dueña de su vida.

Autor desconocido.

Definiciones sofisticadas...


  • Mamadera: materia prima de los carpinteros tartamudos.
  • Nitrato: frustración superada.
  • Parábolas: slip.
  • Pedante: vanidoso flatulento.
  • Platón: filósofo playo u hondo.
  • Polvorín: hotel alojamiento.
  • Rebelde: en Japón, verde muy intenso.
  • Reparto: mellizos.
  • República: mujer sumamente conocida.
  • Sillón: respuesta afirmativa de Yoko Ono a Lennon.
  • Sometido: recriminación a un curioso.
  • Sorprendida: monja corrupta.
  • Subasta: ruego de Huber Roviralta a Susana Giménez.
  • Tarifazo: aumento desmedido de los cigarrillos.
  • Traficante: chofer de una Trafic.
  • Tubérculo: publicidad de un streap-tease aborigen.
  • Ultimátum: se acabó la yerba.
  • Zaragoza: bien por Sara.
Autor desconocido

Historia del desierto...

Cuenta la historia que Hamed, el vendedor más grande del desierto, venía en su camello acompañado de Saib, un amigo de la infancia. Ambos habían sufrido la pérdida del camello de Saib y ahora transitaban las blancas arenas del desierto a lomo del camello de Hamed.

Cansados del largo trayecto, llegaron por fin a una pequeña población, en la cual pudieron ver un grupo de 35 camellos y tres hombres que discutían acaloradamente.

Como quien no quiere la cosa, Hamed se acercó a este trío y por lo que pudo oír descubrió que se trataba de tres hermanos: Alí, Muhamed y Marashi, a quienes su padre -recientemente fallecido- les había heredado los 35 camellos.

El problema radicaba en que, de acuerdo a la voluntad del padre, a Alí por ser el mayor le correspondería la mitad de los camellos; a Muhamed la tercera parte y a Marashi, el más joven, la novena parte de los mismos.

Viendo la oportunidad, Hamed se acercó a Saib y le dijo: "Hemos resuelto el problema de nuestra incomodidad" y, sin decir más, encaró al trío que seguía discutiendo acaloradamente.

"Disculpen la intromisión", les espetó, "pero tengo la solución a vuestros problemas".

Los tres se miraron con desconcierto, hasta que el mayor de los hermanos le contestó: "Extraño, si puedes solucionar nuestras diferencias... ¡Bienvenido seas!".

"Primero", dijo Hamed, "déjenme juntar con sus 35 camellos el nuestro, en calidad de obsequio que, como ustedes verán, es un ejemplar excelente y goza de muy buena salud".

Dicho esto, tomó el camello en que venían con Saib y lo juntó con los 35 camellos de los hermanos.

Saib, desconcertado, miró a Hamed pensando que es lo que estaría haciendo, ya que con este hecho no veía la solución a sus problemas sino que, por el contrario, ahora ambos se quedarían a pie.

Hamed, realizando un gesto tranquilizador a su amigo, comenzó a hablar: "Alí, a ti te toca la mitad de los camellos, con lo cual te daré 18; no puedes quejarte, dado que hasta ahora en el reparto debían tocarte 17 y pico, con lo cual sales beneficiado". El hombre aceptó gustoso.

"Muhamed", continuó, "a ti tu padre te ha dejado la tercera parte, con lo cual te daré 12; también sales beneficiado dado que hasta ahora te tocaban 11 y pico". El hombre, sonriente, quedó conforme.

"A ti, Marashi, te legaron la novena parte, con lo cual te llevarás 4; como verás también te beneficias dado que hasta ahora te tocaban 3 y pico". El hombre, feliz, quedó satisfecho.

"Ahora bien", dijo Hamed, "todos han sido beneficiados... ¿están conformes?".

Los tres se miraron y asintieron, felices de haber resuelto el problema.

"Entonces", dijo Hamed, "como ustedes verán, Alí se llevará 18, Muhamed 12 y Marashi los 4 que le corresponden; esto indica que sobran dos camellos, los cuales considero que es justo me correspondan por haberles resuelto el problema tan beneficiosamente para ustedes".

Dicho esto y con el acuerdo de los tres hermanos, Hamed y Saib se marcharon cada uno montado cómodamente sobre el lomo de su camello.

¿Qué rescatamos de esta historia?

1) Estar atentos a las oportunidades: un buen negocio puede aparecer en cualquier momento, hasta en el desierto. Debemos estar alertas, informarnos, no dejar pasar oportunidad sin evaluar la perspectiva de realizar una venta.
2) Escuchar con atención: los comentarios que a veces escuchamos pueden ser la punta del ovillo de algún problema que, tal vez, podamos resolver con nuestros productos o servicios.
3) Identificar las necesidades: si identificamos el "candidato", debemos también identificar sus necesidades.
4) Idear una estrategia.
5) Explicarla claramente (beneficios).
6) Cerrar la venta.

La historia del hombre...

Dios creó al asno y le dijo: "Serás asno, trabajarás incansablemente de sol a sol, cargarás bultos, comerás hierbas, no tendrás inteligencia alguna, vivirás 30 años... serás asno".
Y el asno respondió: "Trabajaré sin descanso de sol a sol, cargaré bultos y comeré hierbas; pero vivir 30 años, Señor, es demasiado... dame apenas 10".
Y Dios le dio 10 años.

Y Dios creó al perro y le dijo: "Serás perro, cuidarás de las casas y de tus amos, los hombres, y serás su mejor amigo; comerás lo que te den, vivirás 20 años... serás perro".
Y el perro le respondió: "Seré perro, cuidaré de las casas de mis amos, seré su mejor amigo, comeré lo que me den; pero vivir 20 años, Señor, es demasiado... dame apenas 10".
Y Dios le dio 10 años.

Y Dios creó al simio y le dijo: "Serás simio, saltarás de rama en rama y de copa en copa, haciendo payasadas simpáticas, serás divertido, vivirás 20 años... serás simio".
Y el simio le respondió: "Seré simio, saltaré de rama en rama y de copa en copa, seré divertido y haré payasadas simpáticas; pero vivir 20 años, Señor, es demasiado... dame apenas 10".
Y Dios le dio 10 años.

Y Dios creó al hombre y le dijo: "Serás hombre, único ser racional sobre la Tierra, usarás tu inteligencia para sobreponerte a los demás seres y a la naturaleza, dominarás el mundo y vivirás 30 años".
Y el hombre le respondió: "Seré hombre, el más inteligente de los animales, dominaré el mundo; pero vivir 30 años, Señor, es muy poco, dame pues los 20 rechazados por el asno, los 10 que el perro no aceptó y los 10 que el simio no quiso".
Y Dios le concedió lo pedido.
Y así lo hizo... El hombre vive 30 años como hombre, se casa y vive 20 años como burro, trabajando y cargando bultos sobre su espalda. Se jubila y vive 10 años de perro, cuidando de la casa y comiendo lo que le dan. Cuando llega a viejo, vive 10 años de mono saltando de la casa de un hijo a la del otro, haciendo payasadas para que se diviertan los nietos...

Autor desconocido.