Cuenta la historia que Hamed, el vendedor más grande del desierto, venía en su camello acompañado de Saib, un amigo de la infancia. Ambos habían sufrido la pérdida del camello de Saib y ahora transitaban las blancas arenas del desierto a lomo del camello de Hamed.
Cansados del largo trayecto, llegaron por fin a una pequeña población, en la cual pudieron ver un grupo de 35 camellos y tres hombres que discutían acaloradamente.
Como quien no quiere la cosa, Hamed se acercó a este trío y por lo que pudo oír descubrió que se trataba de tres hermanos: Alí, Muhamed y Marashi, a quienes su padre -recientemente fallecido- les había heredado los 35 camellos.
El problema radicaba en que, de acuerdo a la voluntad del padre, a Alí por ser el mayor le correspondería la mitad de los camellos; a Muhamed la tercera parte y a Marashi, el más joven, la novena parte de los mismos.
Viendo la oportunidad, Hamed se acercó a Saib y le dijo: "Hemos resuelto el problema de nuestra incomodidad" y, sin decir más, encaró al trío que seguía discutiendo acaloradamente.
"Disculpen la intromisión", les espetó, "pero tengo la solución a vuestros problemas".
Los tres se miraron con desconcierto, hasta que el mayor de los hermanos le contestó: "Extraño, si puedes solucionar nuestras diferencias... ¡Bienvenido seas!".
"Primero", dijo Hamed, "déjenme juntar con sus 35 camellos el nuestro, en calidad de obsequio que, como ustedes verán, es un ejemplar excelente y goza de muy buena salud".
Dicho esto, tomó el camello en que venían con Saib y lo juntó con los 35 camellos de los hermanos.
Saib, desconcertado, miró a Hamed pensando que es lo que estaría haciendo, ya que con este hecho no veía la solución a sus problemas sino que, por el contrario, ahora ambos se quedarían a pie.
Hamed, realizando un gesto tranquilizador a su amigo, comenzó a hablar: "Alí, a ti te toca la mitad de los camellos, con lo cual te daré 18; no puedes quejarte, dado que hasta ahora en el reparto debían tocarte 17 y pico, con lo cual sales beneficiado". El hombre aceptó gustoso.
"Muhamed", continuó, "a ti tu padre te ha dejado la tercera parte, con lo cual te daré 12; también sales beneficiado dado que hasta ahora te tocaban 11 y pico". El hombre, sonriente, quedó conforme.
"A ti, Marashi, te legaron la novena parte, con lo cual te llevarás 4; como verás también te beneficias dado que hasta ahora te tocaban 3 y pico". El hombre, feliz, quedó satisfecho.
"Ahora bien", dijo Hamed, "todos han sido beneficiados... ¿están conformes?".
Los tres se miraron y asintieron, felices de haber resuelto el problema.
"Entonces", dijo Hamed, "como ustedes verán, Alí se llevará 18, Muhamed 12 y Marashi los 4 que le corresponden; esto indica que sobran dos camellos, los cuales considero que es justo me correspondan por haberles resuelto el problema tan beneficiosamente para ustedes".
Dicho esto y con el acuerdo de los tres hermanos, Hamed y Saib se marcharon cada uno montado cómodamente sobre el lomo de su camello.
¿Qué rescatamos de esta historia?
1) Estar atentos a las oportunidades: un buen negocio puede aparecer en cualquier momento, hasta en el desierto. Debemos estar alertas, informarnos, no dejar pasar oportunidad sin evaluar la perspectiva de realizar una venta.
2) Escuchar con atención: los comentarios que a veces escuchamos pueden ser la punta del ovillo de algún problema que, tal vez, podamos resolver con nuestros productos o servicios.
3) Identificar las necesidades: si identificamos el "candidato", debemos también identificar sus necesidades.
4) Idear una estrategia.
5) Explicarla claramente (beneficios).
6) Cerrar la venta.
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