sábado, 13 de diciembre de 2014

Nunca te vayas sin decir te quiero...

Damos por hecho que los demás saben cuánto los queremos. Pero, ¡adivina qué!, no hay nada peor que darse cuenta demasiado tarde que no es así. Mejor no esperes.

Había quedado de ver a una de mis mejores amigas el viernes en la tarde para tomar un café. Tal vez no iba a ser la más divertida de las salidas porque habíamos tenido un pequeño malentendido y teníamos muchas cosas que aclarar. El jueves, sin embargo, tuve que llamarla para avisarle que no me iba a poder juntar con ella porque tenía un compromiso familiar. Quedamos en vernos el lunes siguiente. Apenas colgué, sentí un impulso terrible de volver a llamarla. Marqué una vez y colgué. Pensé que estaba alucinando. No. La sensación extraña seguía ahí, así que volví a marcar y esperé que contestara. Cuando lo hizo, lo único que me nació decir era que la quería mucho y que realmente me gustaría verla. Ella se alegró con mis palabras. Es lo último que recuerdo. El sábado en la noche un amigo me llamó para avisarme que ella había muerto.
Toda la vida voy a estar preguntándome cómo sería esa conversación que nunca tuvimos y que, me cuesta aceptarlo, nunca tendremos. Fue uno de esos momentos de la vida en el que te das cuenta qué tan terrible puede ser la frase "si yo hubiera...". pero por otra parte, no deja de asombrarme esa parte mía que intuyó que era tiempo de despedirse y decirle lo que sentía. Sí, fue una buena despedida. Realmente le encantó que volviera a marcar para decirle algo tan simple como "te quiero". Y no saben cómo me alivia haberlo hecho. ¿Se imaginan que hubiera vuelto a colgar, tirándome a ver la tele? Sólo de pensarlo, se me encoge el estómago.
Y la verdad es que yo no solía ser la chica más afectuosa del mundo. ¡Todo lo contrario! Pero si algo aprendí con su muerte, además de apreciar cada día como algo único e irrepetible, fue precisamente que no podemos darnos el lujo de dejar que sean los otros los que intenten adivinar si los queremos o no. Justo por eso surgen los malentendidos (seguramente no es la primera vez que escuchas algo así). Si te soy sincera, creo que yo reaccioné porque me tocó vivirlo directamente. También había escuchado ya mil veces lo importante que es no dejar cosas a medias y expresar tus sentimientos.
Me pregunto... ¡¿Por qué nos cuesta tanto decir "te quiero"?! Sí, entrecomillado y con negritas para que resalte. ¿Qué pasa con nosotros? Es como si fuéramos alérgicos a demostrar que nos preocupa la gente... Bueno, ahora que lo pienso, creo que precisamente en esto radica el meollo del asunto:
Tal vez no somos alérgicos al amor, pero tampoco nos lanzamos corriendo a buscarlo, ¿verdad? Sólo hay que ver cuántos libros, artículos y tests existen sobre el susto a enamorarnos y qué tanto le tememos al compromiso. No es coincidencia que en el pasado (e incluso actualmente) digan que el amor es una enfermedad. El problema es que en nuestro mundo, se cree que el amor es como la kriptonita. Para una cultura que intenta demostrar que es invulnerable y todo poderosa, las demostraciones de afecto son señal de debilidad. De repente estás con una amiga(o) que conoces desde hace diez años y notas que te cae muy bien... espera, no sólo eso, sino que hasta le estás tomando cariño. En el mejor de los casos, te das la vuelta y se lo dices. En otros, dejas pasar el dato y lo guardas en tu archivo. ¿Qué pasó por tu mente? "Va a pensar qué ridícula". "Mejor evito el oso". "¿Y si piensa que se me zafó un tornillo?".
¡Cómo nos trauma el ridículo!
Lo que sucede en realidad es que creemos que el demostrar nuestros sentimientos nos vuelve vulnerables y es más fácil que nos lastimen. Es cierto que uno debe cuidarse y buscar la forma y el lugar apropiados para decir las cosas. Pero eso nada tiene que ver con ir por la vida herméticas como ostras. No estaría nada mal recuperar nuestra espontaneidad. Además, voy a decirte una cosa: alguien que se burla de lo que sientes, va a lastimarte aún si no le dices nada. Cuando se es una alimaña, siempre vas a buscar un pretexto para dañar a los otros. Así que si alguna vez te ridicularizaron por demostrarle a alguien que lo apreciabas, el otro es el que está mal, no tú. Bien. Muchas veces no creemos que la gente sea cursi o melodramática por decir lo que siente. Y aún así, algo pasa que no te lanzas todavía a decir "te quiero" a tiempo. ¿Por?.
¿Cómo decir "te quiero" si no te das cuenta que quieres? Con frecuencia, nos damos cuenta que apreciamos a alguien cuando ya pasó mucho tiempo. A veces, demasiado. Si en ocasiones nos resistimos a amar y no nos atrevemos a mencionar la palabra con todo el significado que ésta puede tener, es porque no es nada fácil amar.
Amar duele. Amar es reconocer que puedes perder al ser querido y que no tienes todo bajo control.
¿Entonces? Damos la media vuelta y ponemos pies en polvorosa. Y es que para querer se necesitan agallas. Es apostarle a algo sin tener nada más que confianza de que todo va a salir como esperas. Muchas veces, te dan ganas de mandar todo a volar y dejar de gastar tu energía intentando que las cosas funcionen.
Por otra parte... ¿Para qué encariñarse si se va a ir? Esto, claro, se ve reforzado si en tu vida has pasado por muchas pérdidas. Si ya van varias veces que te dejan colgada... ¿Por qué arriesgarte? Porque con frecuencia lo que sucede es que el amor está ahí, pero en lugar de expresarlo, simplemente lo encapsulamos. Nuestra creencia es que si nadie se entera, es como si no estuviera ahí. ¿Pero tú no te engañas, verdad?
El ser capaz de decir lo que sientes, créeme, te hace sentir completa. Y, muy importante, te evitas estar luego dándote topes por no abrir la boca. Por supuesto que no te estoy diciendo que te pares a la mitad de la calle, vestida de rosa con mil y un encajes y grites en un tono agudo: "¡Soy puro amor!" Cada uno tiene un estilo propio de hacer las cosas. Pero, eso sí: ¡preocúpate que el mensaje llegue claro! A veces nos pasamos de sutiles.
Especialmente cuando se trata de una despedida.
Si hay algo que nos cuesta tanto trabajo como un "te quiero" es decir adiós. Nada más hay que fijarse en qué sucede cada vez que terminamos con un chico. Al despedirnos de alguien, aunque vayamos a vernos más tarde, preferimos salir disparadas antes de darnos el tiempo para estar un instante más con el otro. Y si podemos evitarnos la molestia, ¡mejor! El caso es que siempre estamos corriendo de un lugar a otro. Pero nunca nos permitimos llegar.
Hace tiempo vi una película que precisamente se titula "Nunca te vayas sin decir te quiero". (Si pueden verla, se las recomiendo). Me impactó mucho. Entre otras cosas, trata de cómo vamos por la vida cargando maletas muy pesadas. ¿Qué clase de maletas? Nada más y nada menos que toda una serie de asuntos pendientes. Pero no esos asuntos pendientes que puedes resolver hoy o mañana, sino aquellos en los que dejaste pasar tanto tiempo que ya no es posible hacer nada al respecto. Son los que están en esa interminable lista negra de los "Si yo hubiera...".

¿Cuántas maletas cargas tú?

Extraído de una revista hace muchos años...

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