Damos por hecho que los
demás saben cuánto los queremos. Pero, ¡adivina qué!, no hay nada peor que
darse cuenta demasiado tarde que no es así. Mejor no esperes.
Había quedado de ver a una de
mis mejores amigas el viernes en la tarde para tomar un café. Tal vez no iba a
ser la más divertida de las salidas porque habíamos tenido un pequeño
malentendido y teníamos muchas cosas que aclarar. El jueves, sin embargo, tuve
que llamarla para avisarle que no me iba a poder juntar con ella porque tenía
un compromiso familiar. Quedamos en vernos el lunes siguiente. Apenas colgué,
sentí un impulso terrible de volver a llamarla. Marqué una vez y colgué. Pensé
que estaba alucinando. No. La sensación extraña seguía ahí, así que volví a
marcar y esperé que contestara. Cuando lo hizo, lo único que me nació decir era
que la quería mucho y que realmente me gustaría verla. Ella se alegró con mis
palabras. Es lo último que recuerdo. El sábado en la noche un amigo me llamó
para avisarme que ella había muerto.
Toda la vida voy a estar preguntándome
cómo sería esa conversación que nunca tuvimos y que, me cuesta aceptarlo, nunca
tendremos. Fue uno de esos momentos de la vida en el que te das cuenta qué tan
terrible puede ser la frase "si yo hubiera...". pero por otra parte,
no deja de asombrarme esa parte mía que intuyó que era tiempo de despedirse y
decirle lo que sentía. Sí, fue una buena despedida. Realmente le encantó que
volviera a marcar para decirle algo tan simple como "te quiero". Y no saben cómo me alivia haberlo hecho.
¿Se imaginan que hubiera vuelto a colgar, tirándome a ver la tele? Sólo de
pensarlo, se me encoge el estómago.
Y la verdad es que yo no solía ser la
chica más afectuosa del mundo. ¡Todo lo contrario! Pero si algo aprendí con su
muerte, además de apreciar cada día como algo único e irrepetible, fue
precisamente que no podemos darnos el lujo de dejar que sean los otros los que
intenten adivinar si los queremos o no. Justo por eso surgen los malentendidos
(seguramente no es la primera vez que escuchas algo así). Si te soy sincera,
creo que yo reaccioné porque me tocó vivirlo directamente. También había
escuchado ya mil veces lo importante que es no dejar cosas a medias y expresar
tus sentimientos.
Me
pregunto... ¡¿Por qué nos cuesta tanto decir "te quiero"?! Sí,
entrecomillado y con negritas para que resalte. ¿Qué pasa con nosotros? Es como si fuéramos alérgicos a demostrar
que nos preocupa la gente... Bueno, ahora que lo pienso, creo que precisamente
en esto radica el meollo del asunto:
Tal vez no somos alérgicos al amor,
pero tampoco nos lanzamos corriendo a buscarlo, ¿verdad? Sólo hay que ver
cuántos libros, artículos y tests existen sobre el susto a enamorarnos y qué
tanto le tememos al compromiso. No es coincidencia que en el pasado (e incluso
actualmente) digan que el amor es una enfermedad. El problema es que en nuestro
mundo, se cree que el amor es como la kriptonita. Para una cultura que intenta
demostrar que es invulnerable y todo poderosa, las demostraciones de afecto son
señal de debilidad. De repente estás con una amiga(o) que conoces desde hace
diez años y notas que te cae muy bien... espera, no sólo eso, sino que hasta le
estás tomando cariño. En el mejor de los casos, te das la vuelta y se lo dices.
En otros, dejas pasar el dato y lo guardas en tu archivo. ¿Qué pasó por tu mente? "Va a pensar qué ridícula".
"Mejor evito el oso". "¿Y si piensa que se me zafó un
tornillo?".
¡Cómo
nos trauma el ridículo!
Lo que sucede en realidad es
que creemos que el demostrar nuestros sentimientos nos vuelve vulnerables y es
más fácil que nos lastimen. Es cierto que uno debe cuidarse y buscar la forma y
el lugar apropiados para decir las cosas. Pero eso nada tiene que ver con ir
por la vida herméticas como ostras. No estaría nada mal recuperar nuestra
espontaneidad. Además, voy a decirte una cosa: alguien que se burla de lo que
sientes, va a lastimarte aún si no le dices nada. Cuando se es una alimaña,
siempre vas a buscar un pretexto para dañar a los otros. Así que si alguna vez
te ridicularizaron por demostrarle a alguien que lo apreciabas, el otro es el
que está mal, no tú. Bien. Muchas veces no creemos que la gente sea cursi o
melodramática por decir lo que siente. Y aún así, algo pasa que no te lanzas
todavía a decir "te quiero" a
tiempo. ¿Por?.
¿Cómo
decir "te quiero" si no te das cuenta que quieres? Con
frecuencia, nos damos cuenta que apreciamos a alguien cuando ya pasó mucho
tiempo. A veces, demasiado. Si en ocasiones nos resistimos a amar y no nos
atrevemos a mencionar la palabra con todo el significado que ésta puede tener,
es porque no es nada fácil amar.
Amar
duele. Amar es reconocer que puedes perder al ser querido y que no tienes
todo bajo control.
¿Entonces?
Damos la media vuelta y ponemos pies en polvorosa. Y es que para querer se
necesitan agallas. Es apostarle a algo sin tener nada más que confianza de que
todo va a salir como esperas. Muchas veces, te dan ganas de mandar todo a volar
y dejar de gastar tu energía intentando que las cosas funcionen.
Por
otra parte... ¿Para qué encariñarse si se va a ir? Esto, claro, se ve
reforzado si en tu vida has pasado por muchas pérdidas. Si ya van varias veces que te dejan colgada... ¿Por qué arriesgarte?
Porque con frecuencia lo que sucede es que el amor está ahí, pero en lugar de
expresarlo, simplemente lo encapsulamos. Nuestra creencia es que si nadie se
entera, es como si no estuviera ahí. ¿Pero
tú no te engañas, verdad?
El ser capaz de decir lo que
sientes, créeme, te hace sentir completa. Y, muy importante, te evitas estar
luego dándote topes por no abrir la boca. Por supuesto que no te estoy diciendo
que te pares a la mitad de la calle, vestida de rosa con mil y un encajes y
grites en un tono agudo: "¡Soy puro amor!" Cada uno tiene un estilo
propio de hacer las cosas. Pero, eso sí: ¡preocúpate
que el mensaje llegue claro! A veces nos pasamos de sutiles.
Especialmente
cuando se trata de una despedida.
Si hay algo que nos cuesta
tanto trabajo como un "te quiero" es decir adiós. Nada más hay que
fijarse en qué sucede cada vez que terminamos con un chico. Al despedirnos de
alguien, aunque vayamos a vernos más tarde, preferimos salir disparadas antes
de darnos el tiempo para estar un instante más con el otro. Y si podemos
evitarnos la molestia, ¡mejor! El caso es que siempre estamos corriendo de un
lugar a otro. Pero nunca nos permitimos llegar.
Hace tiempo vi una película que
precisamente se titula "Nunca te vayas sin decir te quiero". (Si
pueden verla, se las recomiendo). Me impactó mucho. Entre otras cosas, trata de
cómo vamos por la vida cargando maletas muy pesadas. ¿Qué clase de maletas? Nada más y nada menos que toda una serie de
asuntos pendientes. Pero no esos asuntos pendientes que puedes resolver hoy o
mañana, sino aquellos en los que dejaste pasar tanto tiempo que ya no es
posible hacer nada al respecto. Son los que están en esa interminable lista
negra de los "Si yo
hubiera...".
¿Cuántas
maletas cargas tú?
Extraído de una revista hace muchos años...
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