sábado, 13 de diciembre de 2014

El reencuentro...

En una noche de soledad, me puse a conversar con mi sombra, a la cual le preguntaba el significado del amor.
-El amor es... -dijo ella y se detuvo pensativa sin saber qué responder. En ese momento, se hizo un largo silencio entre nosotras dos, pudiéndose escuchar el llanto de una persona. Sus lágrimas golpeaban muy fuerte contra el suelo y pude descubrir que se trataba de un desamor, del dolor que produce el ya no poder lograr lo planeado, en un primer momento, con su amado.
-El amor es... -volvió a repetir, tratando de encontrar las palabras exactas para definir tan pequeño, pero a la vez gran sentimiento que nos hace tanto bien y tanto mal- ...es algo inexplicable. Sólo se siente y no podés elegir, cuando llega te tenés que hacer cargo de lo que pasa... -dijo, tratando de completar su frase, pero de manera vulgar.
-¡No! -le dije yo- El amor es un sentimiento que te hace feliz, si podes estar con la persona que amas. Pero te hace mal, cuando esa persona, está lejos o no podes tenerla a tu lado por varias circunstancias... Es sentir que lo extrañas, que te quema y que te hiela, es sentir que querés que sea tuyo para siempre. Siempre y cuando no lo poseas, porque estás deshaciendo el amor, lo estás convirtiendo en querer, lo estás obligando a que te quiera o que te ame... Todo esto es el amor.
De repente, se escucharon varios gritos que apagaron nuestras voces y los llantos que, hasta ese momento, se oían. Los gritos pronunciaron palabras alegres, como de un reencuentro de dos personas que hace mucho no se veían. -Ves -le dije yo-, eso es sentir amor por alguien, es gozar con su reencuentro, es alegrarte por la otra persona, es acompañarla en todo momento, entenderla y ayudarla.
-Ya entendí... -me dijo ella, pero esta vez hizo una larga pausa, y, sin poder contenerse, se largó a llorar desconsoladamente. -¿Qué te pasa? -le pregunté, corriendo a abrazarla, para que su dolor sea menos agudo. -Recuerdo las cosas vividos con mi amor de toda la vida... la sombra de tu amor profundo... ese chico que te iluminó tanto y que hasta el día de hoy lo seguís amando, sin poder quitártelo una sola vez de tu pensamiento... Ese chico, con esa sombra, que nos dejaron llorando, pidiendo que vuelvan alguna vez a rescatarnos de esta soledad... -dijo entre sollozos y suspiros. -Sí... los recuerdo... -dije yo sin poder contener las lágrimas.
En ese momento, tocaron la puerta de nuestra habitación. Secándome las lágrimas, le dije a mi sombra que me esperara, que ya volvía.
Cuando abrí la gran puerta, me encontré con un chico que hace mucho no veía, que me quemaba y helaba, que amaba desde el mismo momento en que lo conocí. Nos abrazamos por varios minutos, dejé escapar de mis ojos dos lágrimas de felicidad. Luego lo solté, lo besé en la mejilla y lo hice pasar. Teníamos mucho de que hablar, tanto tiempo sin vernos.    

Cerré la puerta y desde la ventana, se podía escuchar una música especial, que no provenía de la tierra, sino del cielo. Nos sentamos cerca de la ventana y nos pusimos a oír ese sonido. Una fuerza interna hizo que nos abrazáramos y besáramos. A partir de ahí, estaríamos juntos para toda la vida...

Romina Alzugaray 

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