En una noche de soledad, me
puse a conversar con mi sombra, a la cual le preguntaba el significado del
amor.
-El amor es... -dijo ella y se detuvo
pensativa sin saber qué responder. En ese momento, se hizo un largo silencio
entre nosotras dos, pudiéndose escuchar el llanto de una persona. Sus lágrimas
golpeaban muy fuerte contra el suelo y pude descubrir que se trataba de un
desamor, del dolor que produce el ya no poder lograr lo planeado, en un primer
momento, con su amado.
-El amor es... -volvió a repetir,
tratando de encontrar las palabras exactas para definir tan pequeño, pero a la
vez gran sentimiento que nos hace tanto bien y tanto mal- ...es algo
inexplicable. Sólo se siente y no podés elegir, cuando llega te tenés que hacer
cargo de lo que pasa... -dijo, tratando de completar su frase, pero de manera
vulgar.
-¡No! -le dije yo- El amor es un
sentimiento que te hace feliz, si podes estar con la persona que amas. Pero te
hace mal, cuando esa persona, está lejos o no podes tenerla a tu lado por
varias circunstancias... Es sentir que lo extrañas, que te quema y que te
hiela, es sentir que querés que sea tuyo para siempre. Siempre y cuando no lo
poseas, porque estás deshaciendo el amor, lo estás convirtiendo en querer, lo
estás obligando a que te quiera o que te ame... Todo esto es el amor.
De repente, se escucharon varios gritos
que apagaron nuestras voces y los llantos que, hasta ese momento, se oían. Los
gritos pronunciaron palabras alegres, como de un reencuentro de dos personas
que hace mucho no se veían. -Ves -le dije yo-, eso es sentir amor por alguien,
es gozar con su reencuentro, es alegrarte por la otra persona, es acompañarla
en todo momento, entenderla y ayudarla.
-Ya entendí... -me dijo ella, pero esta
vez hizo una larga pausa, y, sin poder contenerse, se largó a llorar
desconsoladamente. -¿Qué te pasa? -le pregunté, corriendo a abrazarla, para que
su dolor sea menos agudo. -Recuerdo las cosas vividos con mi amor de toda la
vida... la sombra de tu amor profundo... ese chico que te iluminó tanto y que
hasta el día de hoy lo seguís amando, sin poder quitártelo una sola vez de tu
pensamiento... Ese chico, con esa sombra, que nos dejaron llorando, pidiendo
que vuelvan alguna vez a rescatarnos de esta soledad... -dijo entre sollozos y
suspiros. -Sí... los recuerdo... -dije yo sin poder contener las lágrimas.
En ese momento, tocaron la puerta de
nuestra habitación. Secándome las lágrimas, le dije a mi sombra que me
esperara, que ya volvía.
Cuando abrí la gran puerta, me encontré
con un chico que hace mucho no veía, que me quemaba y helaba, que amaba desde
el mismo momento en que lo conocí. Nos abrazamos por varios minutos, dejé
escapar de mis ojos dos lágrimas de felicidad. Luego lo solté, lo besé en la
mejilla y lo hice pasar. Teníamos mucho de que hablar, tanto tiempo sin
vernos.
Cerré la puerta y desde la ventana, se
podía escuchar una música especial, que no provenía de la tierra, sino del
cielo. Nos sentamos cerca de la ventana y nos pusimos a oír ese sonido. Una
fuerza interna hizo que nos abrazáramos y besáramos. A partir de ahí, estaríamos
juntos para toda la vida...
Romina Alzugaray
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