viernes, 12 de diciembre de 2014

Trilogía de amor...

Un mundo de sueños...

Aunque todo el mundo piensa que mi amor es imposible, no me rindo. Las adversidades no hacen más que alimentar mis sentimientos y en el fondo lo que quiero más que nunca. No lo puedo evitar. Sé que casi existe y que quizás algún día recibiré un poco de su amor.
Ni la opinión de la gente, ni las dificultades, ni nada de nada podrán cambiar lo que siento por él.

Amar en silencio...

De noche, tirada sobre la cama pienso en él y hasta lo sueño despierta.
La noche es mi aliada, es mi amiga y me invita a quererlo con todas mis fuerzas. Amparada por la oscuridad que me brinda, me imagino cómo actuaría si pudiera estar contigo. Escojo cautelosamente las palabras que desearía pronunciar y adivino sus posibles respuestas. Le regalo pensamiento, le recito poemas y le canto canciones. Palabras nunca pensadas que quedan recluidas en algún lugar escondido de mi ser. De día, en cambio, me inunda la tristeza. Todas las palabras que surgen mientras reina la noche, se desvanecen de día.
Para mí el día sólo tiene sentido como hacia una nueva noche, en la que nacen los mismos sueños que morirán una vez más con la salida del sol. De día, cuando logro verlo en algún lugar, me entero de alguna cosa u oigo algún comentario sobre él, es como si volviera a nacer y eso me destroza. 
Busco la noche en el día y cierro los ojos intentando reencontrarlo en mis sueños. Pero el despertar es peor que el de un nuevo día, porque no despierto de una noche reconciliadora, sino de un día que todavía no ha acabado. Cuando cae la noche, todo vuelve a ser posible. Abrigada por una esperanza renovada, crece en mí valor suficiente para seguir amándolo. Pero tirada sobre la cama, lo busco y no lo encuentro, y empiezo a gritar su nombre, a pesar de que mis labios permanecen callados.

Más allá de la noche...

Algunos días, sin embargo, después de noches inalcanzables, intensas y con un poco de resaca de la oscuridad, invento una parcela de noche en pleno día pensando que tarde o temprano mis anhelos nocturnos se harán realidad.
Construyo sueños dispuesta a llevarlos a cabo más allá de las fronteras de mis noches soñadas. Recopilo toda la información precisa: direcciones, mapas, horarios... Repaso totalmente todos los pasos a seguir y me dispongo a hacer realidad mi deseo al precio que sea. 
Pero un resplandor de luz me cura la resaca y recuerda que es de día y que quizás todo esto sea una locura o que no soy lo suficientemente fuerte para alcanzar lo que más anhelo: ese amor imposible que habita en mis sueños. Cuando esto pasa el mundo se me viene abajo. 
Cegada por un destello de amarga realidad, empiezo a dudar incluso de mis sentimientos... Pero tras las dudas repentinas y los sinsabores sucesivos vuelvo a verlo todo claro: no importa si logro o no que se fije en mí, ni siquiera importa si me quiere o no. Lo único que importa realmente es lo que siento. Renunciar a ello sería como negarme a mí misma. Por eso sigo queriéndolo sin barreras ni fronteras.
A quien me dice que no puede ser real, yo le contesto que no lo puede comprender. A quien me dice que no lo quiero de verdad, yo le contesto que lo sabrá; y a quien me dice que tarde o temprano lo olvidaré, yo le contesto que por nadie lo mismo sentiré. No me preguntes por qué, pero lo sé. ¿Su nombre? ¡Ah! Se me olvidaba: el chico que envenena mis sueños.

Delgado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario