sábado, 13 de diciembre de 2014

El amor...

Eso es el amor. Sentir que el alma se nos llena de palomas blancas; sentir que descubrimos nuevas magias en las lluvias del atardecer; sentir que nuestras manos cobran alas de caricias nuevas; sentir que los ojos se nos tornan buenos y serenos; sentir inquietud y paz a un tiempo.
Sí, eso es amor. Recordar una lejana tarde en que caminábamos de la mano con el ser amado; guardar un muñeco de paño, que es un símbolo, o una flor reseca dentro de un libro. Es llevar a alguien a nuestro lado aunque estemos solos.
Yo te diría, hombre o mujer, que lees mis memorias, que si estás herido por un amor seques tus lágrimas y aguarda.
¿Has pensado cómo será tu amor de mañana, qué estará haciendo en este momento, mirando qué cielos, soñando qué cosas?
Oh sí, claro, a veces el amor nos funda tristezas y exige como tributo algunos llantos y nosotros le brindamos esas lágrimas, aunque signifiquen una forma de sepultar sueños, de colocar una lápida a la esperanza.
Habrá otro amor mañana, seguramente, y entonces perecerán lejanas las soledades de hoy y tan de paso ese llanto...
Es que el amor es cosa de Dios y por eso no puede morir nunca.

Autor desconocido

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