sábado, 13 de diciembre de 2014

Desiderata...

Camina plácidamente entre el ruido y el bullicio y observa la paz que pueda haber en el silencio.
Hasta el punto en que te sea posible, procura estar en buena armonía con todos.
Expón tu parecer en forma reposada y clara; y escucha a los demás, que aunque sean lerdos e ignorantes, ellos también tienen algo que decirte.
Evita a las personas ruidosas y agresivas, que constituyen una vejación para el espíritu.
Si te comparas con otros puedes volverte petulante o amargado, porque siempre hay quien es inferior o superior.
Interésate siempre por lo que haces, por muy simple que sea tu tarea, porque es algo que siempre perdurará, aunque las circunstancias cambien.
Sé precavido en tus negocios, porque el mundo está lleno de astucia; pero que la precaución no te impida ver donde está la virtud, pues hay muchas personas que luchan en pro de elevados ideales y toda la vida está llena de heroísmo.
Sé sincero, en especial no finjas afecto, ni seas cínico en relación con el amor, porque a fin de cuentas la aridez y el desencanto son tan perennes como la yerba.
Toma resignadamente el consejo de los años, renunciando gallardamente a las cosas de la juventud; y no te preocupes por temores imaginarios, pues muchos de ellos son producto de la fatiga y de la soledad.
Por encima de toda disciplina edificante, sé benévolo contigo mismo: tú eres un ente del universo, no inferior a los árboles y las plantas, tienes derecho a estar aquí, lo entiendas o no.
Indudablemente el universo se desarrolla como debe hacerlo, por lo tanto, procura estar en paz con Dios, cualquiera sea la forma en que lo concibes.
Y cualquiera que sean tus obras y tus aspiraciones, en la ruidosa confusión de la vida, procura estar en paz contigo mismo, porque con todo desequilibrio, con toda maldad  es, sin embargo, un hermoso mundo.
Así que ten cuidado... esfuérzate por ser feliz.

Anónimo.

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