Todos los días se nos invita a asumir nuevos riesgos. Sin embargo, no hay garantía de éxito ni podemos fiarnos del curso de los acontecimientos. Simplemente no hay un curso preestablecido y ante lo desconocido las seguridades del presente (lo sólido) se tornan vulnerables. Si bien la modernidad es en parte una invitación atractiva a enriquecer la propia experiencia del mundo y de los otros, es por otra parte una promesa de permanente precariedad.
Para vivir en tales condiciones, es evidente que se necesita una gran versatilidad, un estar dispuesto a abandonar lo conocido: se necesita ser flexible. La flexibilidad es para Sennett una de las características dominantes del "nuevo capitalismo" y tiene varios efectos. Por una parte, inviste a las relaciones humanas de un carácter superficial, ya que la permanencia en un mismo lugar de trabajo es una variable sometida hoy a un alto grado de contingencia. En consecuencia, nuestras relaciones con los demás se resisten o, más bien, se mantienen superficiales: "una confianza informal -escribió Sennett- requiere tiempo para desarrollarse; hay que aprender a conocer a la gente. Una presencia sólo temporal en una empresa incita a mantener la distancia y a no implicarse, dado que el empleado no se quedará allí". Aquí, Sennett coincide con Bauman, para quien la sociedad de consumo desgasta los vínculos personales al empujarnos a tratar al otro (amigo, novio, familiar incluso) como una mercancía a la que es posible desechar cuando no nos gratifique. Los vínculos que requieren un compromiso con otra persona caen en la sospecha de alimentar una dependencia paralizante, más costosa que beneficiosa: vivir juntos -dice Bauman- adquiere el atractivo del que carecen los vínculos de afinidad. Sus intenciones son modestas, no se hacen promesas, y las declaraciones, cuando existen, no son solemnes, ni están acompañadas por música de cuerda ni manos entrelazadas. Casi nunca hay una congregación como testigo y tampoco ningún plenipotenciario del cielo para consagrar la unión. Uno pide menos, se conforma con menos y, por lo tanto, hay una hipoteca menor para pagar, y el plazo del pago es menos desalentador.
La consigna del capitalismo flexible es: "no al largo plazo". El problema es que uno no puede aferrarse a nada ni a nadie, y el hecho de no poder hacerlo erosiona la propia personalidad. Pensemos que una de las peores violencias que puede padecer un ser humano es que se le despoje de todo (tal como ocurría en los campos de concentración y tortura), no dejándole nada a lo que aferrarse, trasplantándolo violentamente de un entorno a otro por completo distinto. Por momentos, el nuestro parece ser un mundo en el que ser responsable y comprometido es sensato. Hoy se trabaja en un proyecto, mañana en otro sin relación con el primero. El tiempo es secuencial antes que progresivo. La segmentación del tiempo, de los espacio y de las actividades forma parte de los estragos que ocasiona el remolino de la modernidad. Hay que pensar, entonces, cómo estar en ese remolino sin ser devorados por el mismo.
TID: Introducción al conocimiento del siglo XXI
Insituto de Enseñanza Superior (IES)
No hay comentarios:
Publicar un comentario