Introducción
A lo largo
de toda la historia, muchos han sido los hombres que han favorecido el progreso
y el avance de la ciencia educativa, a través de su participación y propuestas
en los procesos de enseñanza – aprendizaje. Ellos, hijos de su tiempo, han
fortalecido la reflexión y la praxis educativa, proponiendo sistemas teóricos y
prácticos, procedimientos y estrategias, métodos y fines, que han marcado
distintos hitos en la propuesta educativa.
El presente
trabajo de investigación tiene como finalidad estudiar una de esas propuestas
educativas y pedagógicas que se han dado, en una historia muy cercana en el
tiempo y, muy nuestra por sus raíces latinoamericanas, la de Paulo Reglus Neves
Freire.
No es
nuestra intención, claro está, abarcar en estas breves páginas, el trabajo que
realizó durante toda su vida Paulo Freire. Queremos sólo presentar algunas
nociones fundamentales que nos permitan hacer una valoración crítica de su obra
educativa, que él mismo denominó “Pedagogía del Oprimido”, “Pedagogía de la
Esperanza” o “Pedagogía de la Liberación”.
Educación Bancaria
Al hablar de
la corriente humanística de la pedagogía en la actualidad, no podemos obviar la
preocupación que existió en ese particular anteriormente. Para ello, tenemos
que mencionar el sistema educativo tradicional al que Paulo Freire denominó
“Educación Bancaria”. La misma se caracteriza:
- Una educación eminentemente vertical, donde el educando es un receptáculo de conocimientos, el educador es el que habla, sabe y escoge los contenidos a tratar. Son las clases de tipo magistral.
- El educar impone las reglas del juego y su concepción al educando, estableciendo una relación como opresor – oprimido en la realidad social.
- La función del educando, es adaptarse al orden establecido que se produce a través de un proceso que elimina la creatividad, la conciencia crítica, impidiéndole el diálogo (dificultar en todo el pensar auténtico).
- Invasión cultural.
Contexto Histórico
Los primeros
escritos de Freire aparecen durante un período de intenso conflicto político en
que las “luchas de clases” en América Latina, adquieren fuerza expresiva. Por
eso el momento histórico en el que se desarrolla la propuesta de Freire es de
suma importancia para entender las consideraciones y los aportes que este
insigne pedagogo hace a la educación, a la política y a las sociedades
latinoamericanas e incluso del mundo.
El período
entre los años 60 y 70 en América Latina fue marcado por hechos
interrelacionados. Entre los más importantes están: el triunfo y consolidación
de la Revolución Cubana (1959-1961) y la instalación del primer gobierno
socialista en la región (1962); el avance relativo y la consolidación de las
formas populares en las que se organizaba la sociedad, particularmente los
sindicatos de clase trabajadora y los partidos políticos de izquierda (sólo de
régimen populista).
Surge
además, el proyecto de Alianza para el Progreso, que recibe el apoyo por la
administración Kennedy como una respuesta latinoamericana para la tendencia
radical surgida con la Revolución cubana. Este proyecto obtiene un considerable
apoyo financiero para los programas económicos, políticos y educativos del
continente latinoamericano.
Dos aspectos
de este programa se desenvolvimiento deben ser resaltados: primero, el apoyo a
la reforma agraria que trataba de descentralizar el poder de la burguesía
agraria tradicional y, promover el agro-comercio en la región; en segundo, la
diversificación y expansión del proceso de industrialización a través de
importaciones durante el período de consolidación y, la penetración de
corporaciones multinacionales de Estados Unidos y América Latina. Esto conlleva
muchas implicaciones que alteran las estructuras políticas, económicas y
sociales.
Este también
fue un período en el que se dieron los primeros síntomas de Crisis de
hegemonía. No entró la burguesía tomándose claramente atributos y percepciones
en las decisiones políticas – económicas de algunos países del continente. En
particular, las experiencias populistas (bonapartistas) del peronismo y de
getulismo, aparecen apenas como un período entre una crisis de estado
oligárquica en los años 30 y, tentativa de establecer una hegemonía del
capitalismo industrial burgués en las sociedades sudamericanas de los años 60.
A diferencia
de esa tentativa o activismo político de las masas, provocaron un choque con la
burguesía que conllevó un golpe de estado y un control administrativo de éste
por los militares, como última chance de reestructurar el orden.
Una
consecuencia mayor se ese proceso fue la aparición de movimientos populares
revolucionarios en América Latina, con diferentes expresiones y estrategias de
acuerdo con la experiencia histórica de cada país. Por eso, una propuesta de
Freire para una educación como práctica liberadora (opuesta al positivismo y
pragmatismo educacional predominante en los círculos educativos) era una opción
atractiva, sobre todo porque tiene en cuenta a quien iba dirigida: a los
oprimidos, los olvidados, los que él mismo encuentra insertos en “la cultura
del silencio”, asumida por los educadores latinoamericanos progresistas.
En este
período, debido a la superestructura política, jurídica y democrática burguesa
de la sociedad latinoamericana, esos movimientos populares fueron capaces de
organizar las masas políticamente, llevándolas, algunas veces, al
enfrentamiento con el estado capitalista. Por lo tanto, la política
anticapitalista y antiimperialista produjo intentos grandes de cambios en los
sistemas de administración de los países latinoamericanos, no alejados de
resistencias, violaciones de los derechos humanos, como represalias ante los
intentos de transformación y liberación de los pueblos. Como ejemplo de esto
podemos recordar la dictadura militar que surgió en Argentina durante el
período de 1976 a 1983, que aniquiló a opositores políticos a través de
detenciones, torturas, asesinatos y desapariciones de millares de ciudadanos
argentinos.
Así, pues,
la década de los 60 y 70 se caracteriza como período fértil para el nacimiento
y receptividad de una pedagogía como la de Freire, causando impacto por su
propuesta liberadora, sobre los escenarios de la educación progresista del
mundo crítico.
Otra de las
consideraciones históricas que enmarcan la propuesta de Freire y no lejana a su
desarrollo es, probablemente, la acción de la Iglesia Católica que vive en esos
momentos profundos y considerables cambios internos iniciados con el Concilio
Vaticano II del 62 al 65 y la propuesta de las iglesias locales en las conferencias
de Brasil de 1959 y de Medellín del 69 donde Freire tuvo un importante aporte
sobre todo en lo que es la visión sobre los fines de la Educación en América
Latina.
Ideas pedagógicas de Paulo Freire
Freire
sustenta una pedagogía humanista – espiritualista. Humanista porque centra en
el hombre toda la problemática educativa siendo el objetivo básico de ésta la
humanización. Espiritualista porque coloca en el espíritu el sentimiento que
impulsa al hombre a auto configurarse, hace perceptible lo espiritual; lo que
el hombre habla, escribe, realiza es expresión objetiva de su espíritu. Freire
considera que toda acción educativa debe ir precedida de una reflexión sobre el
hombre -¿Qué es? ¿Cómo es? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Para quién? ¿Contra qué? ¿A
favor de qué? ¿A favor de quién?- No existiendo una educación neutra.
La educación
liberadora se asienta sobre el criterio del hombre histórico. Los hombres,
pues, son praxis. “Praxis que siendo reflexión y acción verdaderamente
transformadora de la realidad, es fuente de conocimiento y creación”.
Freire se
opone a la “educación bancaria”; imparte la educación que denomina “liberadora”
o “problematizadora”, que se identifica con los propio de la conciencia, cuál
es su intencionalidad. En este sentido, es un acto cognoscente, afirma la
dialogicidad. De esta manera, el educador no es sólo el que educa sino que, a
la par que educa, es educado en el diálogo con el educando.
Esta
educación liberadora tiene como objetivo fundamental la organización reflexiva
del conocimiento al prever al hombre de medios que lo liberen de la captación
mágica o ingenua de la realidad. Busca desapretar la reflexión crítica hacia
situaciones existenciales concretas. En estrecha relación con esta idea de la
educación liberadora aparece su idea del diálogo.
Para
entender mejor el planteamiento pedagógico de Freire es necesario abordarlo
desde los siguientes puntos: la pedagogía del oprimido, donde resalta su método
de alfabetización; el diálogo, como canal y medio indispensable en el proceso
educativo para llegar a una Pedagogía de la Esperanza.
Pedagogía
del Oprimido
El punto de
partida en el cual se inicia la liberación del oprimido viene dada, en primer
lugar, en su alfabetización en la que comienza un camino de conocimiento
crítico de la realidad y a asumir posturas frente a ella.
Freire
convida a los analfabetos a salir de su apatía y del conformismo de su “estilo
de vida” en el que siempre han estado inmersos, propiciándoles un desafío en
comprender que ellos también son hacedores de cultura.
Cuando un
hombre o mujer se percibe como hacedor de cultura, está venciendo, o dando el
primer paso para sentirse importante, y surge la necesidad de apropiarse de la
lectura y la escritura.
Los
participantes del “círculo de cultura” entran en diálogo sobre un objeto o ser
conocido o sobre la representación de la realidad a ser decodificada; responden
a los cuestionamientos provocados por el coordinador del grupo, profundizando
en sus lecturas del mundo.
El método
de alfabetización
El primer nivel
de aprendizaje de la realidad es la toma de conciencia. Ese conocimiento existe
porque, como seres humanos colocados y dotados –como Gabriel Marcel
acostumbraba a decir-, los hombres son espectadores con y en el mundo. Esa toma
de conciencia no se da sin una toma de conciencia crítica. No basta, entonces,
con saber leer que “Eva vio una uva”, dice Freire, es preciso comprender cuál
es la posición que ocupa Eva en su contexto social, que ella trabaja para
producir la uva y que se lucra de ese trabajo.
Las
actividades de alfabetización exigen la pesquisa que Freire denomina
“vocabulario mínimo universal” entre los alfabetizandos. Es trabajando este universo por el cual se
escogen las palabras que formarán parte del programa. Estas palabras colocadas,
necesariamente, en orden creciente de menor a mayor dificultad fonética, unidas
dentro de un contexto más amplio de vida de los alfabetizandos y del lenguaje
local y nacional. Estas palabras Freire las denomina “Palabras Generadoras”.
A través de
las palabras generadoras y la combinación de sus elementos propician la
formación de otras palabras. “La codificación” y “descodificación” de la
palabra generadora permitirán al alfabetizando integrarla en su contexto
existencial y objetivarla como combinación de fonemas susceptibles de
representación gráfica. Al objetivar de esta manera una palabra generadora, el
alfabetizando se motiva no sólo para recomponer y componer nuevas palabras,
sino también para escribir su pensamiento.
Tomemos la
palabra MARACA, usada en toda Venezuela para designar un instrumento musical y,
que facilita la comprensión del alfabetizando:
- Se presenta la palabra generadora “MARACA” inferida de una situación concreta: hombres y mujeres bailando joropo;
- Se escribe simplemente la palabra:
MARACA
- Se escribe la misma palabra con las sílabas separadas:
MA – RA – CA
- Se presenta la familia fonética de la primera sílaba:
MA – ME – MI – MO – MU
- Se presenta la familia fonética de la segunda sílaba:
RA – RE – RI – RO – RU
- Se presenta la familia fonética de la tercera sílaba:
CA – CE – CI – CO – CU
- Se presenta a continuación las familias fonéticas de la palabra siendo ésta decodificada:
MA – ME – MI – MO – MU
RA – RE – RI – RO – RU
CA – CE – CI – CO – CU
Este
conjunto de familias fonéticas de la palabra generadora fue denominada como
“ficha descubierta”, pues ella propicia a los alfabetizandos juntas los pedazos
para formar nuevas combinaciones fonéticas que, necesariamente, deben formar
palabras de lengua española.
- Se presentan entonces las vocales:
A – E – I – O – U
En síntesis,
en el momento en que el alfabetizando articula las sílabas, forma nuevas
palabras, ella o él están alfabetizados. El proceso requiere, evidentemente,
profundización, que se aborda en la “Post-alfabetización”.
La eficacia
y validez del Método consiste en partir de la realidad del alfabetizando, de la
que él conoce, le da un valor pragmático a las cosas y hechos de su vida
cotidiana, de sus situaciones existenciales. Respetando el sentido común, y de
él partiendo, Freire propone la superación del alfabetizado.
La
Post-alfabetización
Fruto de su
experiencia en su paso por África, Freire hace fuerte énfasis en el proceso de
Post-alfabetización, como indisolublemente asociado a la fase de alfabetización.
En una carta dirigida a los coordinadores de los círculos culturales en Santo
Tomé de Príncipe Freire enfatizó los siguientes objetivos para el proceso de
Post-alfabetización:
- Consolidar el conocimiento adquirido en fases previas en el dominio de la escritura, lectura y matemáticas.
- Profundizar ese conocimiento a través de una introducción sistemática a los rudimentos básicos de las categorías gramaticales y aritméticas (operaciones fundamentales).
- Continuar, de una forma más profunda, la lectura de las realidades a través de lecturas de varios textos como más variados y ricos temas.
- Desarrollar las capacidades para el análisis crítico de la realidad y expresión oral de esa realidad.
- Preparar a los alumnos para el estadio siguiente, en el cual, debido a las necesidades impuestas por el proceso de reconstrucción nacional, se les debe preparar a través de cursos técnicos (nunca un entrenamiento tecnicista). Es decir, esos cursos de entrenamiento de recursos humanos serán desarrollados específicamente con una visión crítica y, a través de eso, con una visión global, que se opone a una visión dirigida y alienada, de sus propias actividades.
En resumen,
el trabajo de Paulo Freire es más que un método que alfabetiza, es una amplia
comprensión de la educación que tiene como una de sus preocupaciones la
naturaleza política que le corresponde.
De manera
esquematizada podemos decir que el “método de Paulo Freire” consiste en tres
momentos dialécticos e interdisciplinariamente entrelazados:
- Una investigación temática por la que el alumno y el profesor buscan un universo de vocabularios del alumno y de la sociedad donde él vive; las palabras y temas centrales de su biografía.
- Una tematización, por la cual ellos codifican y decodifican esos temas. Ambos buscan su significado social, tomando, asimismo, conciencia del mundo.
- Una problematización en la cual ellos buscan superar una primera visión mágica por una visión crítica, punto de partida para la transformación del contexto vivido.
Pedagogía
Dialógica y Educación Liberadora
Paulo Freire
sin duda alguna es un educador humanista y militante.
El concepto
de educación parte siempre de un contexto concreto para responder a ella. En la
educación como práctica liberadora es el proceso de desenvolvimiento económico
y movimiento de superación de la cultura colonial en “sociedades en tránsito”.
El autor procura mostrar en esas sociedades que el papel del educando, desde el
punto de vista del oprimido, no construye una sociedad democrática en
sociedades “abiertas”. Para él esas sociedades no pueden ser construidas por
élites, porque ellas son incapaces de ofrecer una base de una política de
reformas. Esa nueva sociedad se podrá constituir como resultado de la lucha de
masas populares, como únicas capaces de operar tal movimiento o cambio.
Paulo Freire
entiende que es posible encajar al educando en ese proceso de concientización y
de movimiento de masas. Para llegar a esa conciencia, que al mismo tiempo es
desafiante y transformadora, es imprescindible el diálogo crítico y la palabra
en la convivencia.
El Diálogo
En estrecha
relación con esta idea de la educación liberadora aparece su planteamiento del
Diálogo.
Para Freire,
el diálogo es indispensable para el desarrollo del hombre; sin el diálogo no
puede existir una auténtica educación. Así es como la educación “liberadora” es
dialogal, mientras que la “bancaria” es monologal.
Considera
Freire que, para que el diálogo pueda darse, es necesario:
- El amor, un profundo amor al mundo y a los hombres, siendo fundamento del diálogo. El amor es también diálogo, de allí que no puede darse en la relación de dominación.
- La humildad, el “pronunciamiento” del mundo no puede ser un acto arrogante.
- Fe en los hombres, es un acto a priori del diálogo.
- Esperanza. No hay diálogo sin esperanza; si los sujetos del diálogo no esperan nada de su quehacer, no puede haber diálogo.
- Un pensar crítico, un pensar que percibe la realidad como un proceso que favorezca la creación.
La
superación de la contradicción entre educador y educandos implica que:
- “Nadie educa a nadie…
- …nadie se educa solo…
- …los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo”.
Reflexiones
más recientes: Pedagogía de la Esperanza
Paulo Freire
publicó, en Brasil, en los primeros cinco años de la década de los 90, seis
importantes libros: “Una educación en la ciudad” (1991), “Pedagogía del
Esperanza” (1992), “Política y Educación” (1993), “Profesora sí, tía no”
(1993), “Cartas a Cristina” (1994) y “La sombra de esta manera” (1995). Son
obras que revelan un Paulo Freire más literato y poético en un pensamiento
analítico – histórico y en evolución permanente.
En estas
obras, Freire revela una preocupación profunda por una cuestión: ¿Qué tipo de
educación necesitan los hombres y las mujeres del próximo siglo, para vivir en
este mundo tan complejo, de globalización capitalista de la economía, de las
comunicaciones y de la cultura y, al mismo tiempo, de resurgimiento de
nacionalismos, de racismo, de violencia y de cierto triunfo del individualismo?
Nuestro
tiempo necesita una educación para la diversidad, necesita de una ética de la
diversidad y de una cultura de la diversidad.
Una sociedad
multicultural debe educar al ser humano multicultural, capaz de abrir, de
prestar atención a las diferencias, respetándolas. En este nuevo escenario la
educación deberá y será preciso reconstruir el saber de la escuela y la
formación del educador. En vez de la arrogancia de quien se juzga dueño del
saber, el profesor deberá ser más creativo y aprender con el alumno y con el
mundo. En una época de violencia, de agresividad, el profesor deberá promover
el entendimiento con las diferencias; la escuela deberá ser un espacio de
convivencia, donde los conflictos sean trabajados y no camuflados.
Reflexiones sobre el diálogo y la educación liberadora
Paulo Freire
en todo su desarrollo pedagógico hace hincapié en la importancia del diálogo
como el canal en el que se da la verdadera educación liberadora. Resalta en el
diálogo las cualidades que éste debe tener para ser realmente el recurso
indispensable en la transformación del alumno, donde el educador interviene
propiciando la enseñanza pero dejándose llenar, junto al educando, de ella.
Para Freire,
la educación debe conducir a la persona al descubrimiento y concientización de
su contexto histórico, a la crítica de su realidad y a la intervención
transformadora de ésta. Este proceso lo debe asumir la educación como práctica
liberadora a través del diálogo que permite la interacción del educando con el
educador y su realidad.
Esta visión
de Freire no pasa desapercibida en el entorno latinoamericano, la Iglesia en el
redescubrimiento de su opción preferencial por los pobres asume y promueve la
liberación de los oprimidos como práctica evangelizadora.
Medellín
La Iglesia
latinoamericana propone, al respecto de la educación, en la Segunda Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano en Medellín los siguientes aspectos:
- La tarea de la educación como práctica liberadora “consiste en capacitar a las personas (especialmente los marginados, analfabetos, indígenas) para que ellos mismos, como autores de su propio progreso, desarrollen de una manera creativa y original un mundo cultural, acorde con su propia riqueza y que sea fruto de su propio esfuerzo”. (Medellín 4,3).
- En la educación liberadora el educando se convierte en sujeto de su propio desarrollo. La educación es efectivamente el medio clave para liberar a los pueblos de toda servidumbre y para hacerlos ascender “de condiciones menos humanas a condiciones más humanas”, teniendo en cuenta que el hombre es el “principal artífice de su éxito o de su fracaso”. Por ello la educación debe ser creadora en todos sus niveles, debe basar sus esfuerzos en la personalización de las nuevas generaciones, profundizando la conciencia de su dignidad humana, favoreciendo su libre autodeterminación y promoviendo su sentido comunitario.
- La educación debe ser abierta al diálogo, para enriquecerse con los valores que la juventud intuye y descubre como verdaderos para su futuro y así promover la comprensión de los jóvenes entre sí y con los adultos.
- Como toda liberación, es ya un anticipo de la plena redención de Cristo, la Iglesia latinoamericana se siente particularmente solidaria con todo esfuerzo educativo tendiente a liberar a nuestros pueblos. Cristo pascual, “imagen del Dios invisible”, es la meta que el designio de Dios establece al desarrollo del hombre, para que “alcancemos todos la estatura del hombre perfecto”. (Medellín 4,9)
El Diálogo
La Iglesia
siempre ha tenido al diálogo como un valor fundamental en el vínculo que
favorece la relación interpersonal con Dios y con el hermano. Documentos pontificios
abordan el diálogo como instrumento de unidad, de búsqueda de la verdad, como
vehículo que posibilita la transformación y el cambio tanto personal
(conversión) como de estructuras.
En uno de
sus más recientes Encíclicas (Ut Unum Sint, promulgadas el 25 de Mayo de 1995),
el Papa Juan Pablo II establece algunas consideraciones acerca del diálogo
(refiriéndose éste al Ecumenismo):
- La capacidad para el diálogo está impresa en la naturaleza misma de la persona y en su dignidad.
- El hombre es, de hecho, “la única criatura sobre la tierra quien quiso Dios para sí”, entonces, él no puede encontrarse a sí mismo excepto a través de una sincera donación de sí mismo que se da precisamente en su capacidad dialogal.
- El concepto de “diálogo” puede, además, aparecer como una prioridad cognitiva; todo diálogo implica una totalidad de la dimensión existencial. Ello envuelve enteramente la subjetividad humana en el hombre y la mujer. El diálogo entre comunidades involucra una particular vía de subjetividad de cada uno. Por otro lado, el diálogo no es simplemente un intercambio de ideas. De alguna manera, siempre es un intercambio de dones. (Cf. Eclesiam Suam N° 53)
- Funciones del diálogo: el diálogo nos lleva a un examen de conciencia y a la conversión; el diálogo nos permite resolver desacuerdos cuando es asumido desde la caridad y la humildad así se resguarda la verdad; el diálogo conduce a la cooperación práctica.
- Frutos del diálogo: el redescubrimiento de la hermandad, la solidaridad en el servicio de la humanidad, el desarrollo de opciones valederas para ayudar al progreso del mundo y la búsqueda de la salvación, el aprecio por los otros, el crecimiento de la comunión y la cooperación.
Por último,
hay que resaltar que la educación debe ser conducida por el y para el diálogo
del hombre que participa activamente en la construcción del bien común, es
decir, en la construcción de la “civilización del amor”.
Comparación entre Educación Bancaria y Educación Liberadora
Valoración crítica del pensamiento pedagógico de Paulo Freire
VENTAJAS DEL
MÉTODO DE FREIRE
- Despertar el espíritu crítico, es decir, no quería solamente enseñar a leer y a escribir, sino liberar al hombre del silencio en el que se encontraba. Es por esto que él decía que la democracia sólo podía llegar a través del desarrollo de ese espíritu crítico y de una actitud de lucha.
- Su método es lo opuesto a lo que él denominó “Educación Bancaria”, ya que ésta desconoce el sentido histórico del hombre y se da como un “acto de depositar”, es decir, los alumnos hacen las veces de recipientes pasivos que, deben ser llenados y los educadores son depositarios del conocimiento. Lo cual imposibilita toda acción reflexiva y crítica de la realidad existente.
- Se genera la educación que él denomina “liberadora” o “problematizadora”, la cual ya no es un acto de sólo depositar, sino que va a generar la superación de la contradicción educador – educando, por cuanto se comienza a dar el acto de la comunicación, con el diálogo que sirve de vehículo en el proceso del aprendizaje.
- El diálogo es el que permite la existencia auténtica de la educación, por cuanto éste es indispensable parta el desarrollo del hombre, ya que permite despertar y desarrollar la conciencia crítica de los educandos, para que sean éstos los que desarrollen el sentido del análisis, el poder de capacitación y la comprensión de la realidad.
- Se crea el método de alfabetización que permitirá dejar atrás la manipulación del educando y la domesticación del mismo, por cuanto se trata de algo más que de enseñar a leer y a escribir, es ante todo, concienciar, enseñar a reflexionar y expresar sus vivencias y su situación con el medio, es decir, despertar al analfabeto para que tenga un sentido crítico y reflexivo de su realidad.
DESVENTAJAS
- Si el opresor domina la pedagogía de la liberación, ¿cómo puede el oprimido desarrollar su pedagogía?
Bibliografía
- Catecismo de la Iglesia Católica (1992)
- Documentos del Concilio Vaticano II, Decreto: Unitatis Redintegratio; Declaración: Gravissimum Educationis.
- Juan Pablo II (1995), Encíclica: “Ut unum sint”.
- Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Medellín (1968).
- UNA (1986), Filosofía de la Educación, Una, Caracas.
- www.paulofreire.org/pfreire.html
- www.ppbr.com/ipf/bio/latino.html

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