domingo, 22 de marzo de 2015

Pedagogía del Oprimido

Introducción

A lo largo de toda la historia, muchos han sido los hombres que han favorecido el progreso y el avance de la ciencia educativa, a través de su participación y propuestas en los procesos de enseñanza – aprendizaje. Ellos, hijos de su tiempo, han fortalecido la reflexión y la praxis educativa, proponiendo sistemas teóricos y prácticos, procedimientos y estrategias, métodos y fines, que han marcado distintos hitos en la propuesta educativa.

El presente trabajo de investigación tiene como finalidad estudiar una de esas propuestas educativas y pedagógicas que se han dado, en una historia muy cercana en el tiempo y, muy nuestra por sus raíces latinoamericanas, la de Paulo Reglus Neves Freire.

No es nuestra intención, claro está, abarcar en estas breves páginas, el trabajo que realizó durante toda su vida Paulo Freire. Queremos sólo presentar algunas nociones fundamentales que nos permitan hacer una valoración crítica de su obra educativa, que él mismo denominó “Pedagogía del Oprimido”, “Pedagogía de la Esperanza” o “Pedagogía de la Liberación”.

Educación Bancaria

Al hablar de la corriente humanística de la pedagogía en la actualidad, no podemos obviar la preocupación que existió en ese particular anteriormente. Para ello, tenemos que mencionar el sistema educativo tradicional al que Paulo Freire denominó “Educación Bancaria”. La misma se caracteriza:
  • Una educación eminentemente vertical, donde el educando es un receptáculo de conocimientos, el educador es el que habla, sabe y escoge los contenidos a tratar. Son las clases de tipo magistral.
  • El educar impone las reglas del juego y su concepción al educando, estableciendo una relación como opresor – oprimido en la realidad social.
  • La función del educando, es adaptarse al orden establecido que se produce a través de un proceso que elimina la creatividad, la conciencia crítica, impidiéndole el diálogo (dificultar en todo el pensar auténtico).
  • Invasión cultural.

Contexto Histórico

Los primeros escritos de Freire aparecen durante un período de intenso conflicto político en que las “luchas de clases” en América Latina, adquieren fuerza expresiva. Por eso el momento histórico en el que se desarrolla la propuesta de Freire es de suma importancia para entender las consideraciones y los aportes que este insigne pedagogo hace a la educación, a la política y a las sociedades latinoamericanas e incluso del mundo.

El período entre los años 60 y 70 en América Latina fue marcado por hechos interrelacionados. Entre los más importantes están: el triunfo y consolidación de la Revolución Cubana (1959-1961) y la instalación del primer gobierno socialista en la región (1962); el avance relativo y la consolidación de las formas populares en las que se organizaba la sociedad, particularmente los sindicatos de clase trabajadora y los partidos políticos de izquierda (sólo de régimen populista).

Surge además, el proyecto de Alianza para el Progreso, que recibe el apoyo por la administración Kennedy como una respuesta latinoamericana para la tendencia radical surgida con la Revolución cubana. Este proyecto obtiene un considerable apoyo financiero para los programas económicos, políticos y educativos del continente latinoamericano.

Dos aspectos de este programa se desenvolvimiento deben ser resaltados: primero, el apoyo a la reforma agraria que trataba de descentralizar el poder de la burguesía agraria tradicional y, promover el agro-comercio en la región; en segundo, la diversificación y expansión del proceso de industrialización a través de importaciones durante el período de consolidación y, la penetración de corporaciones multinacionales de Estados Unidos y América Latina. Esto conlleva muchas implicaciones que alteran las estructuras políticas, económicas y sociales.

Este también fue un período en el que se dieron los primeros síntomas de Crisis de hegemonía. No entró la burguesía tomándose claramente atributos y percepciones en las decisiones políticas – económicas de algunos países del continente. En particular, las experiencias populistas (bonapartistas) del peronismo y de getulismo, aparecen apenas como un período entre una crisis de estado oligárquica en los años 30 y, tentativa de establecer una hegemonía del capitalismo industrial burgués en las sociedades sudamericanas de los años 60.

A diferencia de esa tentativa o activismo político de las masas, provocaron un choque con la burguesía que conllevó un golpe de estado y un control administrativo de éste por los militares, como última chance de reestructurar el orden.

Una consecuencia mayor se ese proceso fue la aparición de movimientos populares revolucionarios en América Latina, con diferentes expresiones y estrategias de acuerdo con la experiencia histórica de cada país. Por eso, una propuesta de Freire para una educación como práctica liberadora (opuesta al positivismo y pragmatismo educacional predominante en los círculos educativos) era una opción atractiva, sobre todo porque tiene en cuenta a quien iba dirigida: a los oprimidos, los olvidados, los que él mismo encuentra insertos en “la cultura del silencio”, asumida por los educadores latinoamericanos progresistas.

En este período, debido a la superestructura política, jurídica y democrática burguesa de la sociedad latinoamericana, esos movimientos populares fueron capaces de organizar las masas políticamente, llevándolas, algunas veces, al enfrentamiento con el estado capitalista. Por lo tanto, la política anticapitalista y antiimperialista produjo intentos grandes de cambios en los sistemas de administración de los países latinoamericanos, no alejados de resistencias, violaciones de los derechos humanos, como represalias ante los intentos de transformación y liberación de los pueblos. Como ejemplo de esto podemos recordar la dictadura militar que surgió en Argentina durante el período de 1976 a 1983, que aniquiló a opositores políticos a través de detenciones, torturas, asesinatos y desapariciones de millares de ciudadanos argentinos.

Así, pues, la década de los 60 y 70 se caracteriza como período fértil para el nacimiento y receptividad de una pedagogía como la de Freire, causando impacto por su propuesta liberadora, sobre los escenarios de la educación progresista del mundo crítico.

Otra de las consideraciones históricas que enmarcan la propuesta de Freire y no lejana a su desarrollo es, probablemente, la acción de la Iglesia Católica que vive en esos momentos profundos y considerables cambios internos iniciados con el Concilio Vaticano II del 62 al 65 y la propuesta de las iglesias locales en las conferencias de Brasil de 1959 y de Medellín del 69 donde Freire tuvo un importante aporte sobre todo en lo que es la visión sobre los fines de la Educación en América Latina.

Ideas pedagógicas de Paulo Freire

Freire sustenta una pedagogía humanista – espiritualista. Humanista porque centra en el hombre toda la problemática educativa siendo el objetivo básico de ésta la humanización. Espiritualista porque coloca en el espíritu el sentimiento que impulsa al hombre a auto configurarse, hace perceptible lo espiritual; lo que el hombre habla, escribe, realiza es expresión objetiva de su espíritu. Freire considera que toda acción educativa debe ir precedida de una reflexión sobre el hombre -¿Qué es? ¿Cómo es? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Para quién? ¿Contra qué? ¿A favor de qué? ¿A favor de quién?- No existiendo una educación neutra.

La educación liberadora se asienta sobre el criterio del hombre histórico. Los hombres, pues, son praxis. “Praxis que siendo reflexión y acción verdaderamente transformadora de la realidad, es fuente de conocimiento y creación”.

Freire se opone a la “educación bancaria”; imparte la educación que denomina “liberadora” o “problematizadora”, que se identifica con los propio de la conciencia, cuál es su intencionalidad. En este sentido, es un acto cognoscente, afirma la dialogicidad. De esta manera, el educador no es sólo el que educa sino que, a la par que educa, es educado en el diálogo con el educando.

Esta educación liberadora tiene como objetivo fundamental la organización reflexiva del conocimiento al prever al hombre de medios que lo liberen de la captación mágica o ingenua de la realidad. Busca desapretar la reflexión crítica hacia situaciones existenciales concretas. En estrecha relación con esta idea de la educación liberadora aparece su idea del diálogo.

Para entender mejor el planteamiento pedagógico de Freire es necesario abordarlo desde los siguientes puntos: la pedagogía del oprimido, donde resalta su método de alfabetización; el diálogo, como canal y medio indispensable en el proceso educativo para llegar a una Pedagogía de la Esperanza.

Pedagogía del Oprimido

El punto de partida en el cual se inicia la liberación del oprimido viene dada, en primer lugar, en su alfabetización en la que comienza un camino de conocimiento crítico de la realidad y a asumir posturas frente a ella.

Freire convida a los analfabetos a salir de su apatía y del conformismo de su “estilo de vida” en el que siempre han estado inmersos, propiciándoles un desafío en comprender que ellos también son hacedores de cultura.

Cuando un hombre o mujer se percibe como hacedor de cultura, está venciendo, o dando el primer paso para sentirse importante, y surge la necesidad de apropiarse de la lectura y la escritura.

Los participantes del “círculo de cultura” entran en diálogo sobre un objeto o ser conocido o sobre la representación de la realidad a ser decodificada; responden a los cuestionamientos provocados por el coordinador del grupo, profundizando en sus lecturas del mundo.

El método de alfabetización

El primer nivel de aprendizaje de la realidad es la toma de conciencia. Ese conocimiento existe porque, como seres humanos colocados y dotados –como Gabriel Marcel acostumbraba a decir-, los hombres son espectadores con y en el mundo. Esa toma de conciencia no se da sin una toma de conciencia crítica. No basta, entonces, con saber leer que “Eva vio una uva”, dice Freire, es preciso comprender cuál es la posición que ocupa Eva en su contexto social, que ella trabaja para producir la uva y que se lucra de ese trabajo.

Las actividades de alfabetización exigen la pesquisa que Freire denomina “vocabulario mínimo universal” entre los alfabetizandos.  Es trabajando este universo por el cual se escogen las palabras que formarán parte del programa. Estas palabras colocadas, necesariamente, en orden creciente de menor a mayor dificultad fonética, unidas dentro de un contexto más amplio de vida de los alfabetizandos y del lenguaje local y nacional. Estas palabras Freire las denomina “Palabras Generadoras”.

A través de las palabras generadoras y la combinación de sus elementos propician la formación de otras palabras. “La codificación” y “descodificación” de la palabra generadora permitirán al alfabetizando integrarla en su contexto existencial y objetivarla como combinación de fonemas susceptibles de representación gráfica. Al objetivar de esta manera una palabra generadora, el alfabetizando se motiva no sólo para recomponer y componer nuevas palabras, sino también para escribir su pensamiento.

Tomemos la palabra MARACA, usada en toda Venezuela para designar un instrumento musical y, que facilita la comprensión del alfabetizando:

  • Se presenta la palabra generadora “MARACA” inferida de una situación concreta: hombres y mujeres bailando joropo;
  • Se escribe simplemente la palabra:
                MARACA

  • Se escribe la misma palabra con las sílabas separadas:

                MA – RA – CA

  • Se presenta la familia fonética de la primera sílaba:

                MA – ME – MI – MO – MU

  • Se presenta la familia fonética de la segunda sílaba:

                RA – RE – RI – RO – RU

  • Se presenta la familia fonética de la tercera sílaba:

                CA – CE – CI – CO – CU

  • Se presenta a continuación las familias fonéticas de la palabra siendo ésta decodificada:

                MA – ME – MI – MO – MU
                RA – RE – RI – RO – RU
                CA – CE – CI – CO – CU

Este conjunto de familias fonéticas de la palabra generadora fue denominada como “ficha descubierta”, pues ella propicia a los alfabetizandos juntas los pedazos para formar nuevas combinaciones fonéticas que, necesariamente, deben formar palabras de lengua española.

  • Se presentan entonces las vocales:

                A – E – I – O – U

En síntesis, en el momento en que el alfabetizando articula las sílabas, forma nuevas palabras, ella o él están alfabetizados. El proceso requiere, evidentemente, profundización, que se aborda en la “Post-alfabetización”.

La eficacia y validez del Método consiste en partir de la realidad del alfabetizando, de la que él conoce, le da un valor pragmático a las cosas y hechos de su vida cotidiana, de sus situaciones existenciales. Respetando el sentido común, y de él partiendo, Freire propone la superación del alfabetizado.

La Post-alfabetización

Fruto de su experiencia en su paso por África, Freire hace fuerte énfasis en el proceso de Post-alfabetización, como indisolublemente asociado a la fase de alfabetización. En una carta dirigida a los coordinadores de los círculos culturales en Santo Tomé de Príncipe Freire enfatizó los siguientes objetivos para el proceso de Post-alfabetización:

  • Consolidar el conocimiento adquirido en fases previas en el dominio de la escritura, lectura y matemáticas.
  • Profundizar ese conocimiento a través de una introducción sistemática a los rudimentos básicos de las categorías gramaticales y aritméticas (operaciones fundamentales).
  • Continuar, de una forma más profunda, la lectura de las realidades a través de lecturas de varios textos como más variados y ricos temas.
  • Desarrollar las capacidades para el análisis crítico de la realidad y expresión oral de esa realidad.
  • Preparar a los alumnos para el estadio siguiente, en el cual, debido a las necesidades impuestas por el proceso de reconstrucción nacional, se les debe preparar a través de cursos técnicos (nunca un entrenamiento tecnicista). Es decir, esos cursos de entrenamiento de recursos humanos serán desarrollados específicamente con una visión crítica y, a través de eso, con una visión global, que se opone a una visión dirigida y alienada, de sus propias actividades.

En resumen, el trabajo de Paulo Freire es más que un método que alfabetiza, es una amplia comprensión de la educación que tiene como una de sus preocupaciones la naturaleza política que le corresponde.

De manera esquematizada podemos decir que el “método de Paulo Freire” consiste en tres momentos dialécticos e interdisciplinariamente entrelazados:

  • Una investigación temática por la que el alumno y el profesor buscan un universo de vocabularios del alumno y de la sociedad donde él vive; las palabras y temas centrales de su biografía.
  • Una tematización, por la cual ellos codifican y decodifican esos temas. Ambos buscan su significado social, tomando, asimismo, conciencia del mundo.
  • Una problematización en la cual ellos buscan superar una primera visión mágica por una visión crítica, punto de partida para la transformación del contexto vivido.

Pedagogía Dialógica y Educación Liberadora

Paulo Freire sin duda alguna es un educador humanista y militante.

El concepto de educación parte siempre de un contexto concreto para responder a ella. En la educación como práctica liberadora es el proceso de desenvolvimiento económico y movimiento de superación de la cultura colonial en “sociedades en tránsito”. El autor procura mostrar en esas sociedades que el papel del educando, desde el punto de vista del oprimido, no construye una sociedad democrática en sociedades “abiertas”. Para él esas sociedades no pueden ser construidas por élites, porque ellas son incapaces de ofrecer una base de una política de reformas. Esa nueva sociedad se podrá constituir como resultado de la lucha de masas populares, como únicas capaces de operar tal movimiento o cambio.

Paulo Freire entiende que es posible encajar al educando en ese proceso de concientización y de movimiento de masas. Para llegar a esa conciencia, que al mismo tiempo es desafiante y transformadora, es imprescindible el diálogo crítico y la palabra en la convivencia.

El Diálogo

En estrecha relación con esta idea de la educación liberadora aparece su planteamiento del Diálogo.

Para Freire, el diálogo es indispensable para el desarrollo del hombre; sin el diálogo no puede existir una auténtica educación. Así es como la educación “liberadora” es dialogal, mientras que la “bancaria” es monologal.

Considera Freire que, para que el diálogo pueda darse, es necesario:

  • El amor, un profundo amor al mundo y a los hombres, siendo fundamento del diálogo. El amor es también diálogo, de allí que no puede darse en la relación de dominación.
  • La humildad, el “pronunciamiento” del mundo no puede ser un acto arrogante.
  • Fe en los hombres, es un acto a priori del diálogo.
  • Esperanza. No hay diálogo sin esperanza; si los sujetos del diálogo no esperan nada de su quehacer, no puede haber diálogo.
  • Un pensar crítico, un pensar que percibe la realidad como un proceso que favorezca la creación.

La superación de la contradicción entre educador y educandos implica que:

  • “Nadie educa a nadie…
  • …nadie se educa solo…
  • …los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo”.

Reflexiones más recientes: Pedagogía de la Esperanza

Paulo Freire publicó, en Brasil, en los primeros cinco años de la década de los 90, seis importantes libros: “Una educación en la ciudad” (1991), “Pedagogía del Esperanza” (1992), “Política y Educación” (1993), “Profesora sí, tía no” (1993), “Cartas a Cristina” (1994) y “La sombra de esta manera” (1995). Son obras que revelan un Paulo Freire más literato y poético en un pensamiento analítico – histórico y en evolución permanente.

En estas obras, Freire revela una preocupación profunda por una cuestión: ¿Qué tipo de educación necesitan los hombres y las mujeres del próximo siglo, para vivir en este mundo tan complejo, de globalización capitalista de la economía, de las comunicaciones y de la cultura y, al mismo tiempo, de resurgimiento de nacionalismos, de racismo, de violencia y de cierto triunfo del individualismo?

Nuestro tiempo necesita una educación para la diversidad, necesita de una ética de la diversidad y de una cultura de la diversidad.

Una sociedad multicultural debe educar al ser humano multicultural, capaz de abrir, de prestar atención a las diferencias, respetándolas. En este nuevo escenario la educación deberá y será preciso reconstruir el saber de la escuela y la formación del educador. En vez de la arrogancia de quien se juzga dueño del saber, el profesor deberá ser más creativo y aprender con el alumno y con el mundo. En una época de violencia, de agresividad, el profesor deberá promover el entendimiento con las diferencias; la escuela deberá ser un espacio de convivencia, donde los conflictos sean trabajados y no camuflados.

Reflexiones sobre el diálogo y la educación liberadora

Paulo Freire en todo su desarrollo pedagógico hace hincapié en la importancia del diálogo como el canal en el que se da la verdadera educación liberadora. Resalta en el diálogo las cualidades que éste debe tener para ser realmente el recurso indispensable en la transformación del alumno, donde el educador interviene propiciando la enseñanza pero dejándose llenar, junto al educando, de ella.

Para Freire, la educación debe conducir a la persona al descubrimiento y concientización de su contexto histórico, a la crítica de su realidad y a la intervención transformadora de ésta. Este proceso lo debe asumir la educación como práctica liberadora a través del diálogo que permite la interacción del educando con el educador y su realidad.

Esta visión de Freire no pasa desapercibida en el entorno latinoamericano, la Iglesia en el redescubrimiento de su opción preferencial por los pobres asume y promueve la liberación de los oprimidos como práctica evangelizadora.

Medellín

La Iglesia latinoamericana propone, al respecto de la educación, en la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín los siguientes aspectos:

  • La tarea de la educación como práctica liberadora “consiste en capacitar a las personas (especialmente los marginados, analfabetos, indígenas) para que ellos mismos, como autores de su propio progreso, desarrollen de una manera creativa y original un mundo cultural, acorde con su propia riqueza y que sea fruto de su propio esfuerzo”. (Medellín 4,3).
  • En la educación liberadora el educando se convierte en sujeto de su propio desarrollo. La educación es efectivamente el medio clave para liberar a los pueblos de toda servidumbre y para hacerlos ascender “de condiciones menos humanas a condiciones más humanas”, teniendo en cuenta que el hombre es el “principal artífice de su éxito o de su fracaso”. Por ello la educación debe ser creadora en todos sus niveles, debe basar sus esfuerzos en la personalización de las nuevas generaciones, profundizando la conciencia de su dignidad humana, favoreciendo su libre autodeterminación y promoviendo su sentido comunitario.
  • La educación debe ser abierta al diálogo, para enriquecerse con los valores que la juventud intuye y descubre como verdaderos para su futuro y así promover la comprensión de los jóvenes entre sí y con los adultos.
  • Como toda liberación, es ya un anticipo de la plena redención de Cristo, la Iglesia latinoamericana se siente particularmente solidaria con todo esfuerzo educativo tendiente a liberar a nuestros pueblos. Cristo pascual, “imagen del Dios invisible”, es la meta que el designio de Dios establece al desarrollo del hombre, para que “alcancemos todos la estatura del hombre perfecto”. (Medellín 4,9)

El Diálogo

La Iglesia siempre ha tenido al diálogo como un valor fundamental en el vínculo que favorece la relación interpersonal con Dios y con el hermano. Documentos pontificios abordan el diálogo como instrumento de unidad, de búsqueda de la verdad, como vehículo que posibilita la transformación y el cambio tanto personal (conversión) como de estructuras.

En uno de sus más recientes Encíclicas (Ut Unum Sint, promulgadas el 25 de Mayo de 1995), el Papa Juan Pablo II establece algunas consideraciones acerca del diálogo (refiriéndose éste al Ecumenismo):

  • La capacidad para el diálogo está impresa en la naturaleza misma de la persona y en su dignidad.
  • El hombre es, de hecho, “la única criatura sobre la tierra quien quiso Dios para sí”, entonces, él no puede encontrarse a sí mismo excepto a través de una sincera donación de sí mismo que se da precisamente en su capacidad dialogal.
  • El concepto de “diálogo” puede, además, aparecer como una prioridad cognitiva; todo diálogo implica una totalidad de la dimensión existencial. Ello envuelve enteramente la subjetividad humana en el hombre y la mujer. El diálogo entre comunidades involucra una particular vía de subjetividad de cada uno. Por otro lado, el diálogo no es simplemente un intercambio de ideas. De alguna manera, siempre es un intercambio de dones. (Cf. Eclesiam Suam N° 53)
  • Funciones del diálogo: el diálogo nos lleva a un examen de conciencia y a la conversión; el diálogo nos permite resolver desacuerdos cuando es asumido desde la caridad y la humildad así se resguarda la verdad; el diálogo conduce a la cooperación práctica.
  • Frutos del diálogo: el redescubrimiento de la hermandad, la solidaridad en el servicio de la humanidad, el desarrollo de opciones valederas para ayudar al progreso del mundo y la búsqueda de la salvación, el aprecio por los otros, el crecimiento de la comunión y la cooperación.

Por último, hay que resaltar que la educación debe ser conducida por el y para el diálogo del hombre que participa activamente en la construcción del bien común, es decir, en la construcción de la “civilización del amor”.

Comparación entre Educación Bancaria y Educación Liberadora



Valoración crítica del pensamiento pedagógico de Paulo Freire

VENTAJAS DEL MÉTODO DE FREIRE

  • Despertar el espíritu crítico, es decir, no quería solamente enseñar a leer y a escribir, sino liberar al hombre del silencio en el que se encontraba. Es por esto que él decía que la democracia sólo podía llegar a través del desarrollo de ese espíritu crítico y de una actitud de lucha.
  • Su método es lo opuesto a lo que él denominó “Educación Bancaria”, ya que ésta desconoce el sentido histórico del hombre y se da como un “acto de depositar”, es decir, los alumnos hacen las veces de recipientes pasivos que, deben ser llenados y los educadores son depositarios del conocimiento. Lo cual imposibilita toda acción reflexiva y crítica de la realidad existente.
  • Se genera la educación que él denomina “liberadora” o “problematizadora”, la cual ya no es un acto de sólo depositar, sino que va a generar la superación de la contradicción educador – educando, por cuanto se comienza a dar el acto de la comunicación, con el diálogo que sirve de vehículo en el proceso del aprendizaje.
  • El diálogo es el que permite la existencia auténtica de la educación, por cuanto éste es indispensable parta el desarrollo del hombre, ya que permite despertar y desarrollar la conciencia crítica de los educandos, para que sean éstos los que desarrollen el sentido del análisis, el poder de capacitación y la comprensión de la realidad.
  • Se crea el método de alfabetización que permitirá dejar atrás la manipulación del educando y la domesticación del mismo, por cuanto se trata de algo más que de enseñar a leer y a escribir, es ante todo, concienciar, enseñar a reflexionar y expresar sus vivencias y su situación con el medio, es decir, despertar al analfabeto para que tenga un sentido crítico y reflexivo de su realidad.

DESVENTAJAS

  • Si el opresor domina la pedagogía de la liberación, ¿cómo puede el oprimido desarrollar su pedagogía?

Bibliografía

  • Catecismo de la Iglesia Católica (1992)
  • Documentos del Concilio Vaticano II, Decreto: Unitatis Redintegratio; Declaración: Gravissimum Educationis.
  • Juan Pablo II (1995), Encíclica: “Ut unum sint”.
  • Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Medellín (1968).
  • UNA (1986), Filosofía de la Educación, Una, Caracas.
  • www.paulofreire.org/pfreire.html
  • www.ppbr.com/ipf/bio/latino.html

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