Los inconvenientes de una libertad limitada en el mercado de trabajo se vinculan con los adelantos extraordinarios de los métodos de producción. Para fabricar lo imprescindible, no es necesario emplear a todos los trabajadores disponibles. Con ello se da la consecuencia de mayor paro, de competencia malsana entre los asalariados y, como agregado, la disminución del poder adquisitivo y una asfixia insoportable de todo el circuito vital de la economía.
Sé que los economistas liberales opinan que el aumento de las posibilidades compensa cualquier ahorro de mano de obra. Yo no lo creo. En primer lugar, porque aunque fuera cierto, esos factores conducirían a que una parte importante de la humanidad viera rebajado su nivel de vida en forma artificial.
Creo sin embargo como usted, que ha de procurarse por todos los medios la participación de los jóvenes en el proceso de producción. También habría que excluir a los mayores de ciertos trabajos -que llamo trabajos no cualificados-. Como indemnización percibirían una pensión dada, por haber dado previamente sus esfuerzos a la sociedad.
También soy partidario de la abolición de las grandes ciudades. Siendo al mismo tiempo enemigo de la idea de instalar una determinada categoría de ciudadanos, por ejemplo los viejos, en una ciudad dada. Debo decir que me parece una idea terrible.
Pienso asimismo que debería evitarse la fluctuación del valor del dinero, sustituyendo al oro como patrón monetario por el precio de una serie de artículos, tal como fue propuesto ya por Keynes hace tiempo. Con ello podría permitirse cierta "inflación" al valor del dinero, siempre y cuando el Estado se mostrara capaz de usar con inteligencia de lo que para él sería un verdadero regalo.
Los puntos débiles de su planteamiento son, según veo, su escasa atención a los aspectos psicológicos. Si el capitalismo ha traído consigo los adelantos de la producción pero también los del conocimiento, no es por azar. El egoísmo y la competencia siguen siendo (¡por desgracia!) fuerzas más poderosas que el altruismo y el sentido del deber. En Rusia no es posible obtener ni siquiera un buen trozo de pan. Quizá sea algo pesimista, pero no espero resultados muy buenos de las empresas nacionalizadas. La burocracia es la muerte de todo rendimiento. He visto demasiadas cosas tremendas, incluso en la relativamente ejemplar Suiza.
Me inclino a creer que el Estado puede beneficiar al proceso productivo sólo si actúa como factor regulador. Tiene que ocuparse en asegurar que la competencia entre las fuerzas de trabajo se mueva sobre bases humanas, a asegurar una educación sólida a todos los niños, a garantizar salarios suficientemente altos como para que los productos puedan ser adquiridos. Tal función reguladora puede ser decisiva si sus medidas de control pasan por las manos de especialistas políticamente independientes.
Albert Einstein
(El economista inglés John Maynard Keynes (1883-1945) fue uno de los mayores detractores de la política de reparación establecida por la Paz de Versailles. Keynes proponía, en los años veinte, el "destronamiento del oro" y la intervención en el sistema monetario para estabilizar el nivel de los precios en el interior).
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