miércoles, 11 de marzo de 2015

Bertrand Russell y el pensamiento filosófico

Cuando la revista me pidió que escribiera algo sobre Bertrand Russell, al admiración y el respeto que siento por este autor me hicieron aceptar enseguida. Las lecturas de sus obras me han hecho pasar muchos ratos felices, lo cual no puedo decir de ningún autor científico contemporáneo, salvo Thorstein Veblen. Pero pronto me di cuenta de que era más fácil comprometerme con la tarea que llevarla a cabo. Había prometido escribir algo sobre Russell como filósofo y teórico del conocimiento. Apenas empecé, descubrí lo escurridizo del terreno en que me movía, terreno en el que además actuaba como un extraño, ya que hasta ahora me había dedicado exclusivamente a la física. Los iniciados encontrarán un poco ingenuo lo que pueda alegar. Me consuelo sin embargo con la idea de que alguien con experiencia en alguna región de la Ciencia está más capacitado que quienes no desarrollan ninguna actividad intelectual.

En el desarrollo del pensamiento filosófico a lo largo de los siglos ha desempeñado un papel fundamental la siguiente pregunta. ¿Qué conocimiento puede obtener el pensamiento, independientemente de las impresiones de los sentidos? ¿Existen esos conocimientos? Si no existen, ¿qué relación hay entre nuestro conocimiento y el material obtenido por nuestras impresiones sensoriales? De estas preguntas y de otras estrechamente vinculadas con ellas se desprende un inmenso caos de opiniones filosóficas. Dentro de este proceso evolutivo relativamente infructuoso, existe pese a todo un camino sistemático que consiste en poner en duda, cada vez más, los intentos de descubrir algo respecto al "mundo objetivo" mediante el razonamiento puro. El "mundo objetivo" es el mundo de las cosas en oposición al mundo de las "suposiciones e ideas". Dicho sea de paso, aquí hemos hecho uso de las comillas como si se tratara de citas de un verdadero filósofo, sólo para introducir un concepto ilegítimo que el lector debe tolerar por el momento.

La creencia en la posibilidad de encontrar lo cognoscible mediante el pensamiento puro estaba muy extendida en los inicios de la Filosofía. Es una ilusión posible para todo aquel que por un momento se olvide de lo que le han enseñado la Filosofía y las Ciencias de la Naturaleza posteriores, y no debe asombrar el que Platón se suscribiera a la "Idea" como a una especie de realidad superior a la realidad de los fenómenos empíricamente experimentables.

Tal noción parece haber desempeñado aún un papel importante en Spinoza y hasta en Hegel. Alguien podría preguntarse si no resulta imposible lograr algo en el campo del pensamiento filosófico sin tener una ilusión anterior. Pero nosotros no vamos a formular esta pregunta.

Esta última ilusión, más aristocrática, de la capacidad ilimitada del pensamiento, se enfrenta con la ilusión más plebeya del realismo ingenuo, según la cual las cosas "son" tal como las perciben nuestros sentidos. Esta ilusión domina la vida cotidiana de los animales y de los hombres. Es también el punto de partida de las Ciencias de la Naturaleza.

La superación de estas dos ilusiones no es independiente de ellas. La superación del realismo ingenuo ha sido relativamente fácil. Russell ha descrito este proceso en la introducción de su libro An Inquiry into Meaning and Truth de la siguiente manera:

"Todos empezamos en el 'realismo ingenuo', esto es, en la doctrina de que las cosas son lo que parecen. Suponemos que la hierba es verde, el hielo frío y las piedras duras. Pero el físico nos asegura que el verde de la hierba, el frío del hielo y la dureza de las piedras no son el verde, el frío y la dureza que conocemos a través de nuestra experiencia, sino algo totalmente diferente. El observador que cree estar observando una piedra está en realidad observando las acciones de la piedra sobre sí misma, si creemos lo que dicen los físicos. Por esto la Ciencia parece contradictoria: pues se considera a sí misma como muy objetiva pero cae bajo la influencia de la subjetividad en contra de su voluntad. El realismo ingenuo conduce a la Física, y ésta demuestra que tal realismo ingenuo es falso mientras sea consecuente consigo mismo. Lógicamente falso, por tanto falso".

Aparte de su extraordinaria formulación, estas líneas nos enseñan algo en lo que nunca había pensado. El pensamiento de Berkeley y Hume parece estar en conflicto con el pensamiento de las Ciencias de la Naturaleza. Pero la observación de Russell descubre un punto en común: Berkeley se basa en que a través de los sentidos no comprendemos directamente las "cosas" del mundo exterior, sino que sólo percibimos hechos casualmente relacionados con apariencia de "cosas". Reflexión que extrae su fuerza de persuación de la confianza en el pensamiento físico. De tal manera no hay necesidad de introducir algo entre el objeto y el acto sensorial de percepción, que los separe y que vuelva problemática la "existencia del objeto".

Este mismo pensamiento físico, unido a sus éxitos prácticos, fue también lo que ha hecho desaparecer la confianza en la posibilidad de comprender las cosas y sus relaciones mediante el pensamiento especulativo. Poco a poco fue imponiéndose el convencimiento de que todo conocimiento de las cosas tenía que proceder de una asimilación del material proporcionado por los sentidos. En esta formulación general es válida la ley anterior. Pero este convencimiento no se debe a que alguien haya demostrado ya la imposibilidad de alcanzar una comprensión de lo real siguiendo el camino puramente especulativo, sino a que la fuente del conocimiento ha sido siempre el camino empírico. Galileo y Hume fueron los primeros en defender con claridad y determinación esta ley fundamental.

El anhelo del hombre exige un conocimiento seguro. Por ello, el trabajo de Hume pareció desmoralizador: los sentidos, única fuente de nuestro conocimiento, nos pueden llevar por medio de la costumbre a creencias y esperanzas, pero no al conocimiento, ni siquiera a la comprensión de relaciones reguladas. En este punto introdujo Kant su idea, insostenible a causa de la forma expresada por él, pero que sin duda era un paso adelante en la solución del dilema de Hume: el origen empírico de un conocimiento nunca es seguro. Por consiguiente, si tenemos conocimientos seguros, ellos han de estar basados en la razón. Tal es lo que se piensa respecto a las leyes de la Geometría y al Principio de Causalidad. Estos y otros conocimientos determinados son, por decirlo así, parte del instrumental del pensamiento, por tanto no se han conseguido a través de los sentidos (esto es, son conocimientos a priori). Hoy todo el mundo sabe que los conocimientos mencionados no tienen nada de seguros, como opinaba Kant, Una vez llegados aquí, creo que la comprobación de que estamos bastante "justificados" al concebir esos conceptos es cierta. Ningún camino lleva a los conceptos desde la experiencia sensorial, si miramos desde el punto de vista lógico.

En mi opinión, el argumento puede llevarse más lejos: los conceptos que aparecen en nuestro pensamiento y en nuestro lenguaje -desde un punto de vista lógico- son creaciones libres del pensamiento, y por tanto no se pueden obtener inductivamente de los sentidos. Ello no es tan evidente como parece debido a que estamos acostumbrados a relacionar ciertos conceptos con determinadas experiencias sensoriales situadas en el mundo de los conceptos.

Por ejemplo, los números son con toda certeza una invención del pensamiento humano que facilita la ordenación de algunas experiencias sensoriales. Pero no hay ningún método para obtener este concepto de número, porque pertenece al pensamiento pre-científico, en el que aún puede reconocerse con facilidad el carácter constructivo. A medida que consideremos conceptos más primitivos de la vida cotidiana, las costumbres enraizadas nos dificultarán cada vez más el reconocimiento de los conceptos como creaciones independientes del pensamiento. Por lo tanto, de lo anterior se podrían llegar a una teoría que considerase que los conceptos surgen de la experiencia por "abstracción", es decir, suprimiendo una parte de su contenido. Voy a intentar explicar lo funesta que resulta esta interpretación.

Si alguien adopta la opinión de Hume, llega a creer con facilidad que hay que evitar todos los conceptos y expresiones que no deriven de los sentidos. Pues lo que da contenido al pensamiento es precisamente la relación que se pueda establecer con la actividad sensorial. Esto último sí lo considero cierto, pero no los requisitos a los que ha de ceñirse el pensamiento. Pues esta pretensión -llevada a sus últimas consecuencias- dejaría fuera a todo el pensamiento "metafísico".

Quede claro pues qué es lo que quiero dar a entender cuando digo que, a través de su clara crítica, Hume no sólo ha favorecido a una parte de la filosofía, sino que involuntariamente la ha puesto en peligro, motivando la aparición de un "miedo a la metafísica" que se ha convertido en una enfermedad de la filosofía empírica actual; esta enfermedad es el polo opuesto del antiguo filosofar, en que se creía posible suprimir todo lo que guardaba relación directa con la percepción sensorial.

Pese al maravilloso análisis que Russell nos ofrece en su libro Meaning and Truth, creo que también este caso el fantasma del miedo a la metafísica es responsable de algunos defectos. Por ejemplo, creo que es ese miedo el que ha motivado el que "cosa" se interprete como "conjunto de cualidades" en el que éstas son aquello que se percibe a través de los sentidos. Esto implica que dos cosas sólo pueden ser la misma si concuerdan en todas sus cualidades. Con lo cual habría que incluir entre las cualidades las relaciones geométricas de las cosas (bajo condición, si no, de considerar, siguiendo a Russell, a la torre Eiffel y a la de Nueva York como la misma cosa).

Por consiguiente, no veo ningún peligro "metafísico" en el hecho de considerar a la cosa (objeto, en el sentido de la física) como un concepto independiente dentro del sistema, conectado con la correspondiente estructura tiempo-espacio,

La consideración de la obra intelectual de Russell me ha dado la alegría de que, pese a todo, en el último capítulo, diga que no se puede prescindir de la "metafísica". A esto puedo objetar únicamente la idea intelectual que se lee entre líneas.

Albert Einstein
(Este trabajo fue escrito para el V tomo de la colección Library of Living Philosophes, editada por el profesor A. Schilp. Su primera edición apareció en 1946, dedicada a la filosofía de Bertrand Russell.
El poco conocido en Europa, Thorstein Bunde Veblen (1857-1929), es un crítico social norteamericano que analiza, desde un punto de vista radical materialista, el pensamiento económico de nuestra generación, y el comportamiento de Estados Unidos, con un análisis amargo y satírico. Según el profesor Max Silberschmidt se lo puede considerar "el Karl Marx de América, pues analizando la publicidad económica analiza los fenómenos de la economía, a la vez que denuncia y compara los conflictos más trágicos de nuestro mundo". Su "compasión por el hombre común y por los pueblos oprimidos" es puesta de relieve en un estudio de Carl Eugster. Veblen, que quiso ser olvidado por el mundo contemporáneo, dedicó a la humanidad su obra principal The instinct of workmanship (1914). 
George Berkeley (1685-1753) fundó la teoría espiritualista del conocimiento, con la que era posible fundamentar una negativa de la realidad del mundo corpóreo).

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