sábado, 11 de abril de 2015

Diez claves para comprender las revueltas árabes*

1. ¿Por qué estallaron las revueltas?


Todo comenzó en Túnez en diciembre de 2010, cuando un joven se inmoló en protesta por la brutalidad policial. Lo que parecía una revuelta local en un pequeño pueblo tunecino rápidamente se extendió a casi todo Medio Oriente. Si bien los países árabes presentan particularidades económicas y políticas diferentes, no es menos cierto que tienen una historia, una cultura y una lengua en común, y la mayoría profesan el islam como religión. Pero lo que los une es sobre todo la realidad de regímenes corruptos hereditarios (sean monarquías o repúblicas) con familias gobernantes que están en el poder hace más de treinta años y manejan los Estados como si fueran feudos privados. Zine El Abidine Ben Ali en Túnez quería que lo sucediera su mujer; Hosni Mubarak en Egipto, Muamar Gadafi en Libia y Ali Abdullah Saleh en Yemen pretendían que los heredaran sus hijos. Adicionalmente, la economía está manejada por unos pocos que despilfarran millones, mientras persisten altos porcentajes de pobreza y desocupación. En los últimos treinta años, con la excepción del Líbano, prácticamente ningún país árabe celebró elecciones libres. Cuando aparecen las protestas la respuesta suele ser la represión, como se vio en estos últimos meses. La revuelta se extendió a pesar del férreo control gubernamental de los medios de comunicación, que casi nunca abren un espacio a las voces opositoras ya que sus partidos políticos en general han sido declarados ilegales. Bien lo describe la joven cineasta egipcia Amal Ramsis en su documental Prohibido: una sociedad donde casi todo está prohibido.

2. ¿Por qué es tan importante?


La inmensa mayoría de los países árabes fueron creados en el proceso de desintegración del Imperio Otomano y mediante las colonizaciones británica y francesa, que se repartieron Medio Oriente al finalizar la Primera Guerra Mundial e incorporaron la región al mercado mundial capitalista. Cuando se retiraron, las potencias europeas dejaron monarquías a su servicio, algunas de las cuales todavía están en el poder (Jordania, Arabia Saudita). En los años cincuenta y sesenta, varios golpes de Estado liderados por militares derrocaron a las monarquías de Egipto (1952), Irak (1958), Siria (1963) y Libia (1969), alentando la conformación de Repúblicas. Estos procesos revolucionarios, con un discurso nacionalista y antiimperialista, no desactivaron las políticas autoritarias del pasado ni desarrollaron sociedades civiles dinámicas, sino todo lo contrario. Los Estados controlaban, por medio de un partido único, casi todos los aspectos de la vida pública y privada. Por eso las fuerzas que ahora se pusieron en movimiento proponen una amplia democratización que cuestiona al sistema político hasta sus cimientos. Por ello no es casual que se compare este movimiento tectónico del mundo árabe con las revoluciones burguesas de Europa en 1848 o con la caída del Muro de Berlín (noviembre de 1989). Tampoco sorprende que Fidel Castro diga que la actual revuelta árabe podría ser “más profunda que la que en 1789 se desató en Europa con la toma de la Bastilla”.

3. ¿Cuál es el rol de los movimientos islámicos en las revueltas?


En todos los países árabes hay partidos que llevan al islam como bandera ideológica-política. Estos crecieron en los años 80 como resultado del fracaso de los gobiernos nacionalistas-socialistas en erradicar la pobreza (como habían prometido) y en su lucha contra el Estado de Israel. Los partidos islámicos, en sus diferentes vertientes, son los partidos más importantes en casi todos los países árabes, desde aquellos con presencia en el Parlamento (Jordania, Líbano) hasta los que se encuentran prohibidos (Egipto, Túnez, Argelia). Sin embargo, como están muy controlados, limitados y perseguidos, se cuidaron mucho de no aparecer orgánicamente en las revueltas de Túnez y Egipto. Se sumaron a ellas más a título individual que colectivo, aunque también ellos se vieron sorprendidos y desbordados por la magnitud de las revueltas. Algunos resultaron golpeados por la represión de las décadas previas (Siria en los 80, Argelia en los 90); en el caso de Túnez, su principal referente, Rashid Ghannouchi, vivió exiliado durante casi veinte años en Londres, a pesar de su manifiesto apego al sistema democrático. La demonización en Occidente de estos movimientos ayudó a que los gobernantes árabes pudieran reprimirlos sin grandes consecuencias.

4. ¿Cuál es el rol de Estados Unidos?


La lectura de los medios de comunicación permite verificar que en casi todas estas revueltas aparece la misma pregunta: ¿cuándo le soltará Estados Unidos la mano al gobernante? Salvo en el caso de Siria, casi todos los países árabes tienen excelentes relaciones con la Casa Blanca y algunos –para mantenerse en el poder- dependen de su ayuda política, financiera y militar. Esta relación fue clave para neutralizar los reclamos palestinos, construir una coalición para expulsar a Saddam Hussein de Kuwait en 1991, e invadir Irak en 2003. De todas maneras, hay que señalar que la revuelta árabe tomó por sorpresa tanto a los estrategas de la política exterior estadounidense como a los intelectuales que siguen día a día lo que sucede en una región vital para Washington. Barack Obama, en su visita a El Cairo en 2009, parecía prometer una nueva relación con el mundo árabe e islámico. Sin embargo, dijo poco sobre las aspiraciones democráticas de los árabes, que chocaban abiertamente con los regímenes dictatoriales y autoritarios apoyados por Washington, como se vio durante el levantamiento popular en Egipto. La Casa Blanca se cuidó mucho de criticar a Hosni Mubarak y lo sostuvo hasta último momento.

5. ¿Por qué Al Qaeda está ausente?


Al Qaeda nunca fue un movimiento cuya intención fuera organizar a las masas; más bien lo contrario. Su principal objetivo es golpear a Estados Unidos y a las grandes potencias, de allí la simpatía pasiva que generaba en el mundo árabe e islámico. Pero siempre fue una organización desligada de los movimientos sociales y de base que existen en los países árabes. Por años, los gobiernos árabes instalaron la idea de que cualquier movimiento de protesta estaba vinculado de una u otra forma con Al Qaeda. Esta estrategia les sirvió para reprimir a los partidos opositores y –en particular- a los islamistas. También les permitió sintonizar con el discurso de Estados Unidos y recibir ayuda monetaria y militar para combatir un enemigo en común, el terrorismo, muchas veces abstracto o sobredimensionado. Las revueltas, en su mayoría masivas y pacíficas, se plantearon derrocar regímenes vitalicios y corruptos para impulsar reformas democráticas, y este objetivo no tiene ningún punto de contacto con los enunciados de Al Qaeda. Más aún, la violencia hubiera sido contraproducente en Túnez y Egipto, lo que explica su ausencia1.

6. ¿Hay una revuelta popular en Libia?


En Libia, como en el resto del mundo árabe, estalló una verdadera revuelta popular, influenciada por los levantamientos de Túnez y Egipto. Gadafi había convertido al Estado en su feudo privado, con toda su megalomanía y sus excentricidades. Había colocado a sus hijos en puestos clave y pretendía dejar como su sucesor a uno de ellos, a pesar de que era público que su familia dilapidaba fortunas a cuenta del Estado, incluso contratando cantantes para fiestas privadas. La revuelta comenzó en Benghazi, la segunda ciudad del país, y rápidamente se extendió a Trípoli, donde fue reprimida con éxito. Muchos pensaron que la caída de Gadafi sería inminente, siguiendo el camino de Ben Ali y Mubarak. Algunos de sus ministros, embajadores y militares también lo creyeron, y se pasaron a la oposición cuando “el líder” prometió perseguir “como ratas” a los opositores, que conforman un grupo muy heterogéneo, que incluye desde luchadores democráticos por los derechos humanos hasta grupos islámicos reprimidos durante años. Los primeros manifiestos de la oposición tenían un espíritu democratizador similar al de las otras revueltas árabes. Pero la intervención extranjera cambió las reglas del juego. Le permite al régimen presentarlos como títeres de potencias extranjeras que sólo estarían buscando apoderarse del petróleo al estilo de las viejas potencias coloniales, y la dinámica de los acontecimientos los puede llevar a ser rehenes de la ayuda exterior, que no es desinteresada…

7. ¿Qué motivó la intervención extranjera en Libia?


Gadafi no dudó en proclamar a los cuatro vientos que sofocaría a sangre y fuego la revuelta en su contra. Su hijo, Saif al Islam, amenazó con una cruenta guerra civil y más de 100.000 muertos. Europeos y estadounidenses, acostumbrados a hacer buenos negocios con Gadafi –le habían “perdonado” su discurso antiimperialista y los atentados terroristas del pasado-, vieron una oportunidad para sacarse de encima a un líder impredecible y poco confiable, que controla una de las principales reservas de petróleo del mundo. Por eso ni siquiera tomaron en cuenta las propuestas impulsadas por Hugo Chávez y la Unión Africana para negociar. Forzaron una rápida resolución en Naciones Unidas con el argumento de que Gadafi estaba masacrando a su pueblo, y menos de dos días después comenzaron a bombardear Libia. La resolución 1973 del 17 de marzo aprobó una intervención militar para proteger a los civiles, pero se podía intuir que su objetivo era derrocar a Gadafi. El 14 de abril, Barack Obama, David Cameron y Nicolas Sarkozy hicieron público un artículo donde reconocieron que “es imposible imaginar un futuro para Libia con Gadafi en el poder […]. Gadafi debe irse y para siempre”. Pero no es tan sencillo y aun no queda claro cómo lo lograrán.

8. ¿Cuál es la importancia de Al Jazeera en las revueltas?


La aparición de la cadena de noticias qatarí cambió el ángulo de información en el mundo árabe. Hasta su creación en 1996, los árabes se informaban de lo que sucedía en sus países a través de las grandes cadenas europeas y estadounidenses y de las versiones oficiales que emitían sus respectivos gobiernos. Frente al cerrojo informativo en Túnez y Egipto, Al Jazzera se convirtió en un receptor de la información que circulaba por vías alternativas. Además, la cadena contaba con periodistas en el terreno que difundían las imágenes de las protestas masivas y de la represión, naturalmente ocultadas por las cadenas oficiales. Cuando los jóvenes tomaron la plaza Tahrir en El Cairo, Al Jazeera comenzó a transmitir casi sin interrupción desde allí, denunciando abiertamente la represión y apoyando la revuelta. Por primera vez en su historia, los árabes pudieron presenciar, en vivo y en directo, una revuelta popular, lejos de la mirada, en general orientalista y despectiva, de los medios europeos y estadounidenses. En 2004, el periodista de Sri Lanka Thalif Deen planteaba que Al Jazeera era el último bastión del nacionalismo árabe frente a los gobernantes cada vez más dependientes de Estados Unidos. Este año Al Jazeera encontró que su mensaje era similar al de millones de árabes.

9. ¿Por qué no hay líderes visibles?


La prolongada represión hizo que las revueltas tuvieran un alto grado de espontaneidad y no surgieran como fruto de una convocatoria planificada por partidos políticos o movimientos, muchos de cuyos líderes estaban presos o en el exilio. El aspecto sorpresivo de los acontecimientos en Túnez y su contagio a Egipto fue clave para derrocar a dos presidentes que nunca lograron comprender cómo una sociedad tan controlada podía salirse de su cauce. Es verdad que las revueltas también han sido el producto de las nuevas tecnologías que permiten organizar convocatorias desde el anonimato, y de allí la importancia de Facebook, Twitter y las llamadas “redes sociales”. A pesar de la falta de un liderazgo claro, las rebeliones en Túnez y Egipto fueron exitosas porque se fueron gestando durante mucho tiempo. En 2008, Al Jazeera ya había emitido un documental, A nation in waiting, sobre la historia contemporánea de Egipto, donde se podían ver que estaban dadas las condiciones objetivas para una revuelta de esas características. Las huelgas obreras se multiplicaron, los diferentes movimientos sociales se fueron articulando y grupos conocidos –aunque no “legales”, como Kifaya- ya se estaban organizando. Por otra parte, los jóvenes que se atrincheraron en la plaza Tahrir en El Cairo –muchos de ellos sin experiencia política previa- comprendieron rápidamente que debían convertir la plaza en un bastión de resistencia al régimen, por lo que no la abandonaron hasta que cayó Mubarak.

10. ¿Es una revuelta democrática?


Durante décadas, en el mundo occidental primó una mirada estereotipada en el sentido de considerar que los pueblos árabes no estaban aptos para la democracia y que tampoco les interesaba. Lo paradójico es que fueron las potencias europeas primero –y Estados Unidos después- quienes crearon los Estados monárquicos, autoritarios y dictatoriales de la región, para proteger sus intereses geoestratégicos y petroleros y más tarde su alianza con el Estado de Israel. Es una ironía que muchos en Francia se sorprendan al descubrir el grado de corrupción que registraba el gobierno del ex presidente Ben Ali –elogiado incluso por el Fondo Monetario Internacional-, como si nunca nadie hubiera señalado que la economía de Túnez giraba alrededor de la familia gobernante. Los prejuicios anti-árabes y anti-islámicos abundan en los medios occidentales hegemónicos, como si las ansias de libertad y democracia fueran patrimonio del mundo occidental y cristiano, y los árabes sólo pudieran quedar atrapados en las marañas fundamentalistas. Esta construcción hoy se está desmoronando. En los siglos XIX y XX ha habido revueltas árabes democratizadoras, pero estas tentativas por lo general fueron aplastadas a sangre y fuego por las “democracias” occidentales que difundieron una imagen demoníaca de las mismas. Esta revuelta es profundamente democrática, aunque la mayoría de los gobiernos autoritarios se sostengan gracias al respaldo de quienes dicen ser los portadores del mensaje universal de la democracia.

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1Durante mi estadía en Egipto, pocos días después de la caída del presidente Mubarak, pude presenciar cómo el grueso de las manifestaciones impedía que algunos les arrojaran piedras a los militares que custodiaban el Ministerio del Interior.

Pedro Brieger
*Escrito en mayo de 2011, tras un viaje por Egipto, el Sahara y Argelia
(Texto extraído del libro "A diez años del 11 de Septiembre. Cómo cambió el mundo")

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